Un día largo en Norfolk para el duque
La noticia llegó como un trueno en un día aparentemente normal. El príncipe Andrés, hermano del rey Carlos III, pasó más de diez horas este jueves en una comisaría de Norfolk. No fue una visita cortés.
La policía lo detuvo dentro de una investigación por presunta conducta inadecuada durante su etapa como enviado especial para el Comercio Exterior. Un cargo que, aunque era un nombramiento personal de la reina Isabel II, le otorgaba rango ministerial.
Lo que realmente investigan
Las preguntas giran alrededor de un nombre: Jeffrey Epstein. Las autoridades están revisando miles de documentos vinculados al financiero estadounidense, fallecido en prisión mientras esperaba juicio por tráfico de personas.
El foco está en si Andrés filtró información económica confidencial del Gobierno británico a Epstein durante los años que ocupó su cargo. Es decir, si usó su posición privilegiada para pasar datos sensibles a una red ahora infame.
Tras la toma de huellas dactilares y muestras de ADN, quedó en libertad bajo investigación.
Pero eso no significa que el asunto esté cerrado. Lejos de ahí.
Para la monarquía, esto es una pesadilla que se repite. La relación del duque con Epstein ya era un problema público enorme. Este nuevo capítulo judicial reabre todas las heridas justo cuando la familia real intentaba pasar página.
Lo crucial ahora es qué encuentran entre esos miles de papeles. Y si hay pruebas que conecten los círculos de poder británicos con las actividades de Epstein más allá de las meras fotografías sociales.
La imagen pública de la institución, ya dañada, no necesita otro golpe. Pero la policía tiene un trabajo que hacer, y los títulos nobiliarios no son un escudo ante la ley. Al menos, esa es la teoría.
Veremos en la práctica.




