La Justicia Tiene un Nuevo Adversario: El Olvido Conveniente
Parece que la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) puede mover montañas legales, pero hay una fuerza en el universo aún más poderosa: la capacidad de un productor de televisión para hacerse el sordo. En un giro que nadie, absolutamente nadie, podría haber previsto (mentira, todos lo vimos venir), Luis de Llano ha decidido que un fallo histórico de la máxima corte del país es, en el mejor de los casos, una sugerencia amable.
A más de tres meses de que los magistrados más importantes de México rectificaran una sentencia a favor de Sasha Sokol, el productor ha optado por la estrategia legal más audaz: la ignorancia absoluta. ¿Disculpa pública? ¿Indemnización? Su silencio post-sentencia sugiere que está esperando a que la justicia prescriba, o quizás a que se la lleve el viento.
El Largo y Tortuoso Camino de una Condena (Que Alguien Parece Haber Perdido en el Camino)
Al ser abordada por la prensa, incluido el siempre oportuno programa “Ventaneando”, Sokol, con una paciencia que debería ser estudiada por monjes tibetanos, explicó el estatus del proceso. “(El proceso) Pues va tomando el curso que debe… ya bajó de la Suprema Corte al juzgado en donde se va a llevar a cabo la condena”, comentó. Traducción al lenguaje terrenal: hemos ganado la guerra en el campo de batalla supremo, pero ahora toca perseguir al ejército derrotado por cada aldea para que cumpla. Un final emocionante, sin duda.
Pero la exTimbiriche no se detuvo allí. Con la elegancia de una cirujana social, procedió a diseccionar y dejar sin aire la narrativa favorita de los defensores de lo indefendible: la de que “eran otros tiempos”. Con la claridad de un diamante, Sasha aclaró: “No es cierto que eran otros tiempos, no es cierto que estaba bien visto. Tan no estaba bien visto que hasta esta época nos preguntaban sobre esa relación. Si nos preguntaban sobre ella era porque era extraña, porque era rara, porque no era lo lógico”.
¿Lo entienden? No es que la moral fuera más laxa; es que el asunto era tan anómalo y perturbador que incluso entonces generaba suspicacias y preguntas incómodas. Esa idea de que “así eran las cosas” es simplemente un intento cobarde de blanquear con nostalgia un pasado que siempre fue turbio.
Solidaridad en un Mar de Anormalidad Impuesta
En medio de este despropósito, Sasha Sokol encontró un consuelo en el apoyo de sus colegas y amigos. Figuras como Itatí Cantoral, Kiko Campos y sus excompañeros de Timbiriche le han tendido la mano. Sobre ellos, Sasha hizo una reflexión profundamente reveladora: “Han sido amorosos y solidarios conmigo porque somos una familia. Y a ellos también les tocó, en el sentido de que fueron llevados a normalizar algo que no era normal”.
He aquí otro nivel de víctimas colaterales: aquellos que, desde fuera, fueron arrastrados a aceptar como “normal” una dinámica de poder grotesca y abusiva. La solidaridad, en este caso, no es solo un abrazo, sino un acto colectivo de desaprendizaje y de reescritura de una historia que les fue impuesta.
Y mientras el señor De Llano parece creer que el tiempo borra todo, incluidas las sentencias judiciales, el caso de Sasha Sokol ha trascendido lo personal para convertirse en un faro de esperanza. El fallo de la SCJN en junio no fue solo una victoria para ella; fue un mensaje contundente para todas las víctimas de violencia sexual infantil en México. La Corte no solo confirmó la sentencia contra el productor, sino que ratificó un principio incuestionable: un adulto de 39 años teniendo una relación con una adolescente de 14 es, fue y siempre será abuso sexual. No hay discusión posible, ni entonces ni ahora.
Así que aquí estamos, en un México donde la justicia, aunque lenta y con obstáculos, finalmente señala a los culpables. El problema es que, al parecer, falta instalar un megáfono gigante para que el mensaje le llegue a quien, convenientemente, ha decidido no escuchar. La batalla legal puede estar ganada, pero la guerra cultural contra la impunidad y la normalización del abuso continúa. Y Sasha Sokol, con una entereza que le ha robado el aplauso de una nación, sigue en la primera línea de fuego.
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