Adiós al titán del arte, que ahora descansa entre cuadros y esculturas celestiales
Parece que incluso los dioses del arte necesitan un curador, porque Óscar Román, el fundador de la Galería Óscar Román, decidió emprender su última exposición en el más allá. La noticia, anunciada por su galería con un tono más solemne que una pintura del Renacimiento, dejó al gremio artístico preguntándose: “¿Y ahora quién va a descubrir a los próximos Frida y Diego?”.
Un legado tan grande que ni el Louvre lo podría exhibir
Román no solo vendía arte; lo vivía, lo respiraba y probablemente lo soñaba en technicolor. La galería lo describió como un hombre de “pasión inquebrantable”, lo cual es un eufemismo para decir que era más terco que un coleccionista negándose a vender su Picasso. Formó generaciones de artistas y coleccionistas, porque, seamos honestos, alguien tenía que enseñarles que el arte no es solo un garabato en un mantel.
Su familia, en un comunicado tan emotivo que hasta las estatuas lloraron, lo recordó como “generoso y apasionado”. Los servicios funerarios serán en el Panteón Francés, porque si vas a despedirte, hazlo con estilo europeo. Eso sí, no esperen ver su galería cerrada: seguramente ya está organizando una exposición póstuma.
El arte mexicano llora (con clase, eso sí)
Instituciones como el Museo Soumaya y Zona Maco lamentaron su partida, porque perder a Román es como perder el manual de instrucciones del arte contemporáneo. Estudió Relaciones Internacionales, pero pronto se dio cuenta de que los cuadros hablan más que los diplomáticos. Se especializó en Londres y París, porque si vas a ser experto en arte, mejor que sea con acento francés.
En 1991 inauguró su galería, un espacio que “surgió para exhibir a jóvenes mexicanos” y que terminó siendo el refugio de talentos como Jazzamoart, Jorge Marín y Laura Quintanilla. También curó exposiciones en el Museo de Arte Moderno, porque ¿para qué conformarse con una galería cuando puedes invadir todos los museos?
Y por si fuera poco, el hombre tenía corazón: organizó subastas benéficas para la Fundación México Vivo, demostrando que el arte no solo decoraba paredes, sino que también salvaba vidas. ¿Qué más querían? ¿Que pintara un mural con los pies?
Así que, mientras el mundo del arte se reúne para brindar con vino caro (blanco, por favor, que mancha menos), nosotros nos quedamos con su legado: un México más culto, más artístico y, sobre todo, más consciente de que el arte no es un lujo, sino una necesidad. Como diría él: “Si no te gusta el arte, es porque no lo has entendido… o no te lo han cobrado lo suficiente”.
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