Tres décadas y ni un peso de compensación
Laureano Brizuela lleva treinta años lidiando con las secuelas de un caso de fraude fiscal que lo llevó a prisión. Hoy, absuelto por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), sigue sin ver un solo peso de la compensación que le corresponde.
Su lucha no es por el dinero. Es por algo más profundo.
“(De mi caso) todo lo querían arreglar por debajo de la mesa… Esto no es un tema de dinero, es una consecuencia de mi resiliencia a no ser ultrajado”,
dice el cantante con una mezcla de cansancio y determinación. Su voz transmite la frustración de tres décadas de batalla legal.
Una oportunidad histórica contra la corrupción
Brizuela ve en el gobierno actual una chance única. Cree que este sexenio podría hacer historia investigando a fondo el sistema corrupto que, según él, actuó en su contra.
“Hasta evadieron leyes internacionales… Esta sería la oportunidad para que este sexenio se las cobre”,
puntualiza. Su esperanza está puesta en que el SAT finalmente revise su resolución y actúe.
Lo más impactante son sus acusaciones: despachos legales pidiendo hasta el 50% de las ganancias por “arreglos” bajo la mesa, y funcionarios evadiendo incluso a la Interpol gracias a “contubernios”.
Su mensaje es claro: meter en cintura a quienes violentaron las normas desde dentro. Treinta años después, Laureano Brizuela sigue esperando que alguien escuche.



