La Emperatriz de la Moda ‘cede’ el trono (pero no del todo, claro)
En un movimiento que ha dejado a todo el mundo de la moda con la boca abierta (o quizás simplemente suspirando con resignación), Anna Wintour ha decidido, magnánima, poner fin al suspense. ¿Se retira? ¡Por supuesto que no! Eso sería tan pasado de moda como llevar tacones de aguja en una pista de hielo. La reina simplemente ha nombrado a su delfina, Chloe Malle, para que se ocupe de las tediosas tareas del día a día en la edición estadounidense de Vogue. Porque, seamos sinceros, ¿quién tiene ya energía para lidiar con los caprichos de los becarios y las facturas de la peluquería?
Wintour, con sus 75 años jóvenes (que en años de la industria de la moda equivalen a unos 30 de una persona normal), seguirá siendo la arquitecta suprema del contenido en Condé Nast y la directora editorial global de ese pequeño proyecto llamado Vogue y sus 27 ediciones internacionales. Porque, ¿qué sería de las revistas de moda de Kazajistán sin su supervisión directa? Malle, que hasta ahora se ocupaba de lo digital (qué moderno), tendrá el honor de reportarle directamente a Anna mientras se encarga de que la maquinaria no se pare. Un ascenso, sí, pero con el GPS configurado para no salir nunca del radio de acción de los lentes de sol de su jefa.
El título histórico que desapareció en el agujero negro de la reestructuración
Y en el acto de esta gran sucesión, algo mágico ha ocurrido: el histórico y casi mítico título de “editora en jefe” ha… desaparecido. Poof. Como un bolso de temporada pasada. Wintour lo ostentó durante casi cuatro décadas, construyendo un imperio de tendencias, polémicas y gafas oscuras indoors. Ahora, ese cargo se esfuma en el éter corporativo. ¿Será que el título era tan poderoso que solo ella podía llevarlo? ¿O quizás Condé Nast lo está guardando en una caja fuerte por si decide volver a usarlo en un futuro, como esos vestidos de alta costura que se archivan?
La elección de Chloe Malle es, por supuesto, impecable. Es como si Anna hubiera elegido a la persona con el pedigree perfecto, las conexiones adecuadas y la habilidad para navegar las traicioneras aguas de las front rows. Uno casi podría pensar que todo estaba planeado desde el principio. La especulación frenética de las últimas semanas no era más que el ruido de fondo necesario para el gran espectáculo. Porque en el mundo de la moda, incluso un traspaso de poder debe estar perfectamente coreografiado, como un desfile en el que todos saben cuándo entrar y cuándo salir.
Así que, para resumir: el reinado de Anna Wintour continúa. Chloe Malle asume el trabajo pesado. Y el resto del mundillo puede seguir obsesionado con quién se sienta en qué sitio durante la Semana de la Moda. La verdadera pregunta es: ¿alguien se atreve a preguntarle a Anna cuándo se jubilará de verdad? Probablemente no, por miedo a que su mirada nos convierta en estatua de hielo. El poder, queridos amigos, no se ejerce desde un título. Se ejerce desde una butaca de primera fila.
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