El plan que promete, pero ¿cumple?
El IMCO acaba de soltar una bomba de realidad sobre el llamado Plan México. Dicen claro: la credibilidad de este show depende de una sola cosa—que el gobierno realmente ejecute lo que promete. No más discursos bonitos, no más decretos en papel. Aquí se trata de hacer.
“La credibilidad y el éxito del denominado Plan México dependerán principalmente de la capacidad del gobierno para ejecutar los proyectos anunciados y cumplir con las metas planteadas.”
Suena duro, pero es la verdad. El IMCO reconoce que hay base formal, sí, pero también hay tensiones estructurales que el plan no resuelve mágicamente. Coordinar a todos los niveles de gobierno en simplificación administrativa e infraestructura es como tratar de orquestar una sinfonía con músicos que nunca ensayaron juntos.
La danza fiscal que desconcierta
Aquí viene lo más jugoso: el Plan México promete certeza tributaria, pero al mismo tiempo el SAT aprieta tuercas con su plan maestro contra evasión y facturas falsas. Es como decir “confíen en nosotros” mientras te revisan hasta los bolsillos. El IMCO lo ve claro: las empresas van a tener que blindar sus mecanismos de cumplimiento.
Y el dinero, ¿dónde está? El gobierno habla de 523 mil millones de pesos para carreteras, pero el presupuesto actual apenas araña esa cifra. Gran parte dependerá de inversión privada y esquemas mixtos que ni siquiera están definidos. Es como prometer una cena de lujo sin saber si alcanza para el pan.
En energía, la CFE tiene metas ambiciosas de generación limpia, pero con limitaciones presupuestales y redes de transmisión rezagadas. El IMCO remata: la verdadera prueba será convertir anuncios en proyectos concretos. La confianza de inversionistas no se gana con promesas, sino con resultados. Y el reloj ya está corriendo.




