Combustibles caros: el nuevo escenario que pinta la política fiscal
Cargar el tanque duele más que nunca si tu vehículo usa diesel o gasolina premium. Los números de diciembre son claros: el diesel promedió 26.42 pesos a nivel nacional, un salto de 74 centavos frente al mismo mes del año pasado.
La premium, esa que piden los motores más exigentes, llegó a 25.80 pesos. Un aumento de 40 centavos que se siente en cada visita a la bomba.
Pero hay una cara distinta de la moneda. La gasolina regular, la que consume la mayoría del país, cerró diciembre en 23.61 pesos. Eso son 38 centavos menos que hace un año, gracias a un acuerdo para topar su precio.
“La política de combustibles resultó eficaz al absorber el choque externo en los precios”, explica Alejandro Montufar, director de PetroIntelligence.
El analista destaca un dato clave: entre 2018 y 2024, los aumentos de la magna (22%) y premium (20%) estuvieron por debajo de la inflación acumulada del periodo, que fue del 38%. En términos reales, ajustando por inflación, pagamos menos hoy que hace siete años.
¿Qué cambió entonces? La estrategia con los impuestos. El gobierno abandonó gradualmente los estímulos generalizados mediante el IEPS.
“Se normalizó el componente fiscal dentro del precio final del combustible”, comenta Montufar.
En palabras más simples: el impuesto recuperó su función de recaudar, no de subsidiar para todos por igual. Eso explica por qué algunos combustibles suben mientras otro se mantiene a raya.
El teatro político de los energéticos tiene ahora un guion claro: proteger el bolsillo popular con la gasolina barata, mientras se ajusta la cuota fiscal en los combustibles menos masivos. Una jugada calculada cuyas consecuencias ya ruedan por todas las carreteras.




