La respuesta de Caracas
La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, fue clara desde La Haya: su país no tiene planes de convertirse en el estado 51 de Estados Unidos. Esto llegó justo después de que Donald Trump soltara en Fox News que estaba “considerando seriamente” esa idea.
“Seguiremos defendiendo la integridad, la soberanía, la independencia, nuestra historia”, dijo Rodríguez, quien asumió el poder en enero tras la operación militar que sacó a Maduro del camino.
El lío del Esequibo
Pero antes de responder a Trump, Rodríguez estaba en la Corte Internacional de Justicia defendiendo la reclamación venezolana sobre el Esequibo. Ese territorio de 159.500 km² —rico en oro, diamantes y madera— es el hueso entre Venezuela y Guyana desde hace más de un siglo.
Lo que más duele: ahí cerca están los pozos petroleros que producen 900.000 barriles diarios. Casi lo mismo que Venezuela entera. Guyana pasó de ser un país chiquito a un jugador energético en serio.
El juego de la diplomacia
Rodríguez le recordó al tribunal que el acuerdo de 1966 habla de negociaciones, no de juicios. Y acusó a Guyana de actuar de forma “oportunista” al llevar el caso a la CIJ justo después del descubrimiento petrolero de ExxonMobil en 2015.
Mientras tanto, Trump sigue con su show. La portavoz de la Casa Blanca, Anna Kelly, evitó dar detalles pero elogió a Rodríguez por “trabajar de manera increíblemente cooperativa” con EE.UU. Ironías de la geopolítica.
El fallo de la CIJ tardará meses. Pero lo que queda claro es que Venezuela no está para bromas con su soberanía. Ni con Trump, ni con nadie.




