Guyana: De la selva a la riqueza (y todo el caos que conlleva)
Imagínense esto: un país que hasta hace nada era famoso por su azúcar, su arroz y que te podías encontrar un tapir cruzando la calle, de repente se despierta con 10.000 millones de dólares anuales debajo de la almohada. Suena a trama de una película de Netflix, pero no, es la vida real en Guyana. Este lunes, los guyaneses hicieron fila no para el último iPhone, sino para decidir qué grupo de humanos va a administrar semejante chequera. Spoiler alert: la presión es más alta que la factura de la luz en verano.
La cosa va así. ExxonMobil y sus amigos encontraron petróleo. Mucho petróleo. Tanto, que de repente este pequeño país sudamericano se convirtió en la economía de más rápido crecimiento del mundo, con un PIB que sube un 15% al año como si nada. Pasaron de exportar azúcar a producir casi 900.000 barriles de crudo diarios. Básicamente, ganaron la lotería geológica. Y ahora toca repartir el premio.
El reality show político: Tres candidatos, un trono petrolero
En la esquina izquierda, el actual presidente, Irfaan Ali (45 años), del Partido Progresista del Pueblo (PPP). Llegó pidiendo un “segundo mandato” con el lema de ofrecer “más, mejor, más rápido y de manera más eficiente”. Suena como el eslogan de Amazon Prime, pero para un país entero.
En la esquina derecha, Aubrey Norton (68 años), de la alianza opositora APNU, acusando al gobierno de turno de corrupción, nepotismo y de gastar la plata del petróleo como si fuera dinero de Monopoly. Su promesa: “restaurar la decencia”. Algo que, seamos honestos, en la política mundial de hoy suena casi utópico.
Y luego, apareció el tercer jugador inesperado, el plot twist de la temporada: Azruddin Mohamed, un empresario multimillonario con su nuevo partido, Invertimos en la Nación (WIN). Su argumento de campaña es tan simple como audaz: “Yo no necesito robar, ya soy rico”. No sé ustedes, pero esa lógica nos dejó a todos pensando. Aunque su imagen se ve un poco empañada porque el año pasado el Departamento del Tesoro de EE.UU. lo sancionó por una trama de sobornos. Él lo niega todo, claro. La embajadora gringa, Nicole Theriot, ya advirtió que si gana, tendrían que evitar trabajar con él. Awkward.
Mientras los políticos prometen el cielo, la gente como Evelyn Crawford, una jubilada de 75 años, sigue con una pensión de 200 dólares al mes en un país que ahora nadaba en la plata. “Lo que nos dan no es suficiente”, dijo al salir de votar. El contraste es tan brutal que duele.
O gente como DeLinda Henry, una mujer indígena con cuatro hijos, que confía en el nuevo partido WIN porque está harta de los de siempre. “Es hora de probar algo diferente”. El sentimiento de querer cambiar las cosas es global, aparentemente, hasta en la Guyana profunda.
No todo es petróleo: Tiroteos, disputas y listas electorales fantasma
Para hacer la cosa más dramática, miembros de la comisión electoral fueron atacados a tiros mientras viajaban por un río en la frontera con Venezuela. Porque sí, Venezuela, que reclama dos tercios de Guyana como suyos, también quiso hacer su cameo en este drama. Nadie salió herido, pero el mensaje de tensión geopolítica quedó clarísimo.
Y por si fuera poco, hasta el Centro Carter metió sus narices, quejándose del tamaño de la lista de votantes. Hay 757.000 votantes registrados en un país con 794.000 habitantes. O sea, básicamente votó todo el mundo, incluyendo probablemente las mascotas y algunos árboles. Una “lamentable omisión”, le llamaron. Nosotros le llamamos un desmadre logístico.
Varios organismos internacionales están ahí mirando, como la OEA y la Caricom, para asegurarse de que todo sea más o menos legal. O al menos, para poder twitear sobre el caos en tiempo real.
Al final, este lunes Guyana no solo eligió un presidente o un partido. Eligió el futuro de una riqueza que podría sacarlos de la pobreza para siempre o convertirlos en otro ejemplo más de la maldición de los recursos. El mundo mira, ExxonMobil sigue extrayendo petróleo, y los guyaneses… bueno, los guyaneses cruzan los dedos para que el que gane no les haga una jugada estilo ‘Juego de Tronos’ con su dinero.
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