Ocho años después, una búsqueda que llega tarde
La Fiscalía General de la República (FGR) movilizó, por primera vez desde 2018, un operativo para buscar a Pamela Gallardo Volante. La joven desapareció el 5 de noviembre de 2017 cerca del kilómetro 13.5 de la carretera Picacho-Ajusco, al salir de un festival.
Ocho años. Es el tiempo que pasó entre la desaparición y esta primera acción concreta de rastreo en campo. La fiscalía había ‘atrapado’ el caso desde 2018, pero el papel se quedó en el escritorio. Hasta la semana pasada.
Una coordinación que brilla por su ausencia
María del Carmen Volante, madre de Pamela, no guarda silencio sobre el proceder de las autoridades. Denuncia una falta total de coordinación entre la FGR y las instancias de búsqueda de la Ciudad de México.
“Pese a que las autoridades locales cuentan con el contexto del caso, la fiscalía no colaboró plenamente con ellas para avanzar”, señaló Volante.
Es el clásico juego burocrático: cada quien en su isla, mientras una familia espera. Las autoridades locales tienen el terreno y el contexto mapeado, pero la fiscalía federal parece operar en paralelo.
El resultado final fue tan predecible como frustrante: la jornada concluyó sin ningún hallazgo. Sin pistas sobre Pamela ni sobre otras personas reportadas como desaparecidas en la zona.
Una búsqueda que llega con ocho años de retraso difícilmente encuentra rastros frescos. Es como querer apagar un incendio cuando solo quedan cenizas. La pregunta que queda flotando es más cínica que esperanzadora: ¿esto es un verdadero intento o solo un trámite para el archivo?




