El neozelandés Ryan Fox consiguió su primer título importante al ganar el Abierto Británico en Royal Birkdale. Con 39 años, hijo de un exjugador de rugby de los All Blacks, embocó un birdie de 12 pies en el hoyo final para una ronda de 68 golpes, dos bajo par.
Cuatro jugadores compartieron el liderato durante el último día. Cameron Young firmó una espectacular vuelta de 64, seis bajo par, y estuvo en la cima durante dos horas sin golpear una bola. Pero Fox nunca perdió la esperanza, incluso tras algunos bogeys en los últimos nueve.
En el hoyo 16, un birdie de 10 pies lo empató con Young. Luego, en el 18, el más difícil del campo, selló la victoria. Fox levantó los brazos y llamó a su familia. Se le escuchó decir:
“Me pidieron que llevara un trofeo a casa, y lo estoy haciendo, ¿no?”
Su nombre se une al de Bob Charles, el único neozelandés que había ganado este major, en 1963.
Young volvió a quedarse a un golpe del título, como ya le ocurrió en St. Andrews hace cuatro años. Sam Burns, quien lideraba tras 54 hoyos y apenas planeaba jugar porque su esposa dio a luz antes de lo previsto, no hizo birdie en los últimos 12 hoyos y terminó a dos golpes.
Scottie Scheffler, campeón defensor, firmó 67 y empató en el cuarto lugar con Tommy Fleetwood, quien cerró con birdie-birdie para emocionar al público local. Bryson DeChambeau quedó fuera de la pelea tras un triple bogey en el hoyo 11; firmó 72 y finalizó en el 14º puesto.
Fox terminó con 270 golpes, diez bajo par. Es el campeón debutante de mayor edad desde Henrik Stenson hace diez años.
“No estoy del todo seguro de cómo metí ese putt en el 18. Es un sueño hecho realidad”, declaró Fox al recibir la jarra de clarete.
Si Woo Kim lideró al inicio de los últimos nueve, pero hizo bogeys en el 11 y 12, y un 40 en esa mitad para 72. Fox, dos golpes detrás de Young tras fallar un putt en el 11, respondió con birdies en el 13 y 14 para empatar. Un bogey en el 15 lo complicó, pero su birdie en el 16 y el putt final definieron la historia.




