Una marea albiceleste en Atlanta
La afición argentina volvió a ser protagonista. En la semifinal del Mundial, los seguidores de la Albiceleste hicieron del Mercedes-Benz Stadium un pedazo de Buenos Aires. Cantaron sin pausa y alentaron a su equipo durante los 90 minutos.
A los 85′, Enzo Fernández empató tras pase de Lionel Messi. La reacción fue inmediata: agua, vasos y botellas volaron desde las gradas. Luego Lautaro Martínez marcó el 2-1 sobre Inglaterra. La celebración se extendió mucho más allá del pitido final.
Messi, Fernández y otros jugadores recorrieron el campo sin camiseta, empapados en el ambiente festivo. Nadie quería irse. Scaloni, al borde del llanto, declaró:
“Somos únicos, de verdad, y no es arrogancia, ¿eh?, es corazón. Esta gente hoy nos llevó a ganar el partido, así que agradecido”.
Hasta que el personal de seguridad guió a los hinchas hacia las salidas, el fervor no cesó.
Pasión que trasciende
Gastón Reinoso, argentino residente en Houston, viajó a Atlanta para el partido. Explicó:
“Es muy difícil explicar la pasión. Cuando sos argentino, sentís el fútbol como una religión. Esto puede serlo todo. La gente se olvida de religión, política, de todo. Todos están unidos”.
Argentina no ha tenido inicios brillantes en el torneo, pero la afición nunca flaqueó. El equipo repitió la remontada que ya había logrado ante Egipto el 7 de julio. En esta ocasión, dos goles en los minutos finales sellaron el pase.
Cuando el agua cayó desde el graderío, Reinoso lo vivió como “una rociada de Dios, desde el cielo. Empecé a llorar”.
Ahora, la final del domingo en East Rutherford, Nueva Jersey, ante España. Sin duda, las gradas se teñirán otra vez de celeste y blanco.




