Una Joya en el Momento Más Inútil Imaginable
Parece que a nadie le avisaron a los Orioles de Baltimore y a los Rays de Tampa Bay que sus partidos ya no importan. En un despliegue de pura contradicción deportiva, Dean Kremer decidió que, aunque la postemporada sea un sueño lejano, él aún puede lanzar como si estuviera en la Serie Mundial. El martes, en lo que fue el amable adiós a su casa por esta temporada, Kremer regaló a los aficionados una joya de película: seis entradas y un tercio con un solo hit permitido. Sí, han leído bien: un mísero hit. Porque ¿qué mejor momento para ser brillante que cuando todo es absolutamente irrelevante?
Kremer (que ahora tiene un récord de 11-10, para que su estadística se vea bonita y equilibrada) ponchó a cuatro, golpeó a un pobre bateador (accidente, supongo, o quizás un mensaje para la próxima temporada), y lo más impresionante: no regaló ni una sola base por bolas. Parece que tenía prisa por ir a casa, o tal vez el partido empezó con tanto retraso por la lluvia que solo quería terminar rápido. Su dominio sobre los Rays es ya una tradición, mejorando su efectividad de por vida contra ellos a una cifra ridícula de 1.64. ¿Será que los Rays le deben dinero? La pregunta queda en el aire.
La Ofensiva que También se Presentó a Trabajar
Mientras Kremer hacía su magia en el montículo, la ofensiva de los Orioles, en un raro acto de solidaridad, decidió que también podía anotar carreras. Colton Cowser conectó un jonrón de dos carreras en la sexta entrada, porque ¿por qué conformarse con una cuando puedes tener dos? Gunnar Henderson, no queriendo ser menos, impulsó dos carreras más con un elevado de sacrificio y un sencillo, demostrando que se puede ser productivo de múltiples formas elegantes. Jordan Westburg y Tyler O’Neill se unieron a la fiesta con hits que remolcaron carreras, porque cuando llueve, diluvia, aunque en este caso, la lluvia real retrasó el inicio del encuentro una hora y 11 minutos. Una espera perfecta para un partido que, repito, no cambiaba nada en la tabla de posiciones.
Al otro lado del diamante, la tarde de Ryan Pepiot (11-12) fue… bueno, todo lo contrario. En su trigésima primera aparición (una cifra que suena a castigo), permitió tres carreras en apenas tres innings. Con una efectividad de 3.86 en la temporada, uno se pregunta si estaba pensando más en sus vacaciones que en los bateadores de Baltimore. Su actuación fue el perfecto contrapunto a la de Kremer: la definición de “tener un día malo en la oficina” cuando tu oponente está teniendo el día de su vida.
Para rematar la jugosa estadística de la irrelevancia, los jugadores latinoamericanos tuvieron una noche discreta. El cubano Yandy Díaz y el dominicano Junior Caminero se fueron de 3-0 y 2-0 respectivamente, probablemente deseando que el partido hubiera sido cancelado por lluvia. Por los Orioles, el dominicano Samuel Basallo al menos anotó una carrera, lo que le permitirá contarle a sus nietos que hizo *algo* en este peculiar cierre de temporada en casa.
En resumen, fue un triunfo de 6-0 para los Orioles que sirvió como un recordatorio de lo que pudo ser y no fue. Una victoria aplastante en el vacío de la eliminación, un faro de competencia en un mar de indiferencia. Kremer lanzó como un cy Young, la ofensiva conectó como un equipo campeón, y todo para que el único testigo fuera la lluvia y unos cuantos aficionados fieles. La poesía del béisbol, siempre absurda, siempre maravillosa.
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