El técnico catalán llega con maletas llenas de ilusión (y presión)
Este lunes, los Rayados de Monterrey decidieron darle un giro a su historia presentando a Doménec Torrent, el nuevo sherpa que guiará al equipo por los peligrosos terrenos del fútbol mexicano e internacional. Con un contrato de un año (sí, solo 12 meses, porque en el fútbol los planes a largo plazo son como los NFTs: prometen mucho pero nadie sabe si durarán), su primer examen será el Mundial de Clubes, donde compartirá grupo con equipos como el River Plate, el Inter de Milán y los Urawa Red Dragons. Vamos, un paseo por el parque… si el parque estuviera lleno de leones hambrientos.
“Ganar es cool, pero hagámoslo con estilo”
En un video que el club subió a redes sociales (porque en 2025 hasta los equipos de fútbol tienen que ser influencers), Torrent soltó perlas como: “Muy ilusionado, muy contento”. Traducción: “Sé que si no gano, la afición me crucificará en el Arco de la Independencia”. Pero más allá del clásico discurso de “venimos a ganar”, el técnico dejó claro que no solo le importan los tres puntos, sino también el estilo de juego. O sea, quiere que Rayados juegue bonito, porque ¿de qué sirve levantar copas si no puedes subir el highlight a TikTok con orgullo?
Entre sus declaraciones, hubo un guiño curioso: “El primer equipo de México que conocí fue Monterrey”. ¿Casualidad? No lo creemos. Probablemente lo vio en FIFA y pensó: “Este equipo tiene potencial… y un buen presupuesto”. Además, soltó la frase millennial por excelencia: “No solo es importante ganar, sino cómo lo haces”. Básicamente, el equivalente futbolístico de “No es un fracaso, es una experiencia de aprendizaje”.
La presión está servida (y sin gluten)
Torrent no se anda con rodeos: sabe que en Monterrey no hay medias tintas. “El plantel ya compitió muy bien”, dijo, recordando que el equipo rozó la semifinal esta temporada. Pero, seamos honestos, en el fútbol mexicano “casi” es como llegar segundo en un concurso de memes: nadie lo recuerda. Por eso, el catalán insistió en la importancia de terminar en lo alto de la tabla. O sea, nada de conformarse con ser “el equipo que dio batalla”.
Y para cerrar con broche de oro, lanzó un mensaje a la afición que sonó más como un juramento: “Podemos prometer que vamos a intentar que se sientan orgullosos”. Traducción no verbal: “Si nos va mal, prefiero que me cancelen en Twitter a que me quemen en effigie”.
¿Qué sigue? El Mundial de Clubes será su bautizo de fuego, y si sobrevive, quizá logre lo que todos los técnicos sueñan: que su nombre no termine en un hashtag tipo #FueraTorrent antes de Navidad.
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