El adiós de una guerrera
Alana Flores lo confirmó sin rodeos. Su próxima pelea será la última. No es una decisión tomada a la ligera, sino el cierre de un capítulo que, según sus propias palabras, le salvó la vida pero también le pasó factura.
“Esta será mi última pelea, oficialmente”, dijo la regiomontana.
Con un récord impecable de 4-0, subirá al ring de la Arena Ciudad de México este domingo para enfrentar a Flor Vigna en el evento Supernova. Pero esta vez no se trata solo de ganar. Se trata de despedirse bien.
Una relación complicada con el deporte
¿Por qué retirarse en plena racha positiva? La respuesta es cruda y honesta. Alana habla del desgaste emocional, de una relación que se volvió tóxica con algo que ama profundamente.
“El boxeo se convirtió en la única relación tóxica que tengo en mi vida… es algo que amo tanto, pero al mismo tiempo me hace mucho daño”, explicó a EL UNIVERSAL Deportes.
Reconoce la paradoja: el mismo deporte que fue su refugio mental terminó afectando su salud psicológica. Golpear un saco liberaba todo, pero la exposición pública y la presión pesaron más.
La rivalidad con Flor Vigna añade fuego a este combate final. No solo está en juego el invicto, sino el orgullo de cerrar con broche de oro. Flores quiere una victoria que demuestre que su paso por el ring siempre fue serio.
Su mensaje para Vigna es claro: > “Lo veo como pura excusa barata de su parte, para no decir que tiene miedo”.
Así se despide una luchadora. No por falta de coraje, sino por escuchar a su mente y corazón después de una batalla interna tan dura como cualquier combate.




