La gravedad es solo una sugerencia para Fernando Tatis Jr
Parece que Fernando Tatis Jr. tiene una relación bastante peculiar con las leyes de la física, especialmente con esa que dice que lo que sube tiene que bajar. El jardinero derecho de los Padres de San Diego, en un arranque de generosidad atlética, decidió que el jonrón de su compatriota Rafael Devers era un lujo que los Medias Rojas de Boston simplemente no podían permitirse. Así que, ¿qué hace cualquier millonario superestrella en una tarde de miércoles? Pues claro, escalar la valla como si fuera un felino con una misión divina.
Con la elegancia de un gato pero la audacia de un ladrón de bancos, Tatis calculó el salto con una precisión que haría llorar a un astronauta de la NASA. Se lanzó al aire, se colgó de la nada por un instante que debió sentirse como una eternidad para el pitcher JP Sears, y con la tranquilidad de quien elige una manzana del árbol, le robó la pelota a Devers justo cuando esta creía que iba a cumplir su destino de jonrón. Por supuesto, la caída fue tan glamorosa como se puede esperar de una estrella: aterrizó de trasero, recargado contra la pared, como si estuviera posando para una portada de revista. ¿Acto seguido? Lanzar la pelota con la frialdad de un sicario que acaba de cumplir su misión. Sears, desde el montículo, no podía creerlo. Señaló hacia Tatis y sonrió, porque ¿qué más puedes hacer cuando un compañero decide jugar en modo dios?
No es la primera vez, y probablemente no será la última
Por si alguien pensaba que esto fue un golpe de suerte, un destello de talento en un mar de mediocridad, permítanme aclararles que robar jonrones es el nuevo hobby de alta gama de Tatis. A finales de julio, ya le había hecho lo mismo a Mark Vientos de los Mets, arrebatándole un cuadrangular de dos carreras con la misma facilidad con la que un niño quita un caramelo a otro. ¿Estamos seguros de que no tiene un imán en el guante? ¿O acaso negocia en secreto con la gravedad?
Lo más irónico de todo este circo es que Tatis ni siquiera era jardinero hasta hace poco. Empezó como campocorto, fue elegido para el Juego de Estrellas en 2021, y luego, tras perderse la temporada 2022 por lesiones y una suspensión por dopaje (un detalle menor que todos recordamos con cariño), lo movieron al jardín derecho. Y vaya si se adaptó: en 2023 ganó tanto el Guante de Oro de la Liga Nacional como el Guante de Platino. Vamos, que el tipo cambió de posición como quien cambia de calcetines y resultó ser mejor que nadie. ¿Qué sigue? ¿Ganar el Cy Young como lanzador emergente en sus tiempos libres?
Mientras tanto, Devers, el pobre Devers, conectó luego un doble y anotó con un sencillo de Ryan O’Hearn. Como para compensar un poco el ego herido. Porque, seamos honestos, que te roben un jonrón de esa manera debe doler más que una derrota en extra innings. Eso sí, no puede quejarse mucho: el lunes por la noche, él mismo había conectado uno de los tres jonrones de los Gigantes en la primera entrada. Así es el beisbol: hoy eres el cazador, mañana la presa. O en este caso, hoy eres el que conecta el jonrón, y mañana el que ve cómo un tipo con más estilo del necesario te lo quita de las manos.
¿Qué nos deja esta jugada? La confirmación de que Tatis Jr. es uno de los espectáculos más grandes del beisbol moderno, un imán de highlights que convierte cada juego en una posible candidatura a los premios ESPY. Y también, por qué no decirlo, la sospecha de que quizás, solo quizás, deberíamos revisar si su guante está certificado por la liga o por Marvel.
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