El eco impertinente: un grito que vale más que su peso en multas
Parece que la Federación Mexicana de Fútbol tiene la misma efectividad deteniendo un canto homofóbico que un portero en una final de penaltis: mucha espectacularidad pero nulos resultados. Activistas LGBTQ+, hartos de esta comedia de errores institucional, han decidido saltarse al intermediario y apelar directamente al sentido común de los aficionados. Porque, ¿quién necesita una federación funcional cuando se tiene esperanza?
El grito en cuestión, un insulto de una sola palabra que se volvió más viral que un baile de TikTok durante el Mundial de 2014 en Brasil, ha demostrado ser más resistente que un equipo clasificado en el minuto 90. Las multas subsiguientes, incluyendo una jugosa suma de 100.000 francos suizos en Qatar 2022, han tenido el mismo impacto disuasorio que un chorrito de agua en un estadio lleno. “Esas multas no han servido para nada. Y la Federación, ¿qué ha hecho? No mucho. Y lo que ha hecho no sirve”, sentenció con una sinceridad brutal Andoni Bello, activista y crítico del cántico, quien seguramente esperaba más de una institución que del fútbol amateur gay.
México 2026: el mundial de las oportunidades… y los gritos desafinados
Con Estados Unidos, Canadá y México como anfitriones del Mundial 2026, el reloj corre más rápido que un delantero en contraataque. A México se le han otorgado 13 partidos en tres ciudades: Monterrey, Ciudad de México y Guadalajara, la cuna de este polémico cántico que nació en 2004 durante un partido clasificatorio olímpico entre México y Estados Unidos. Desde entonces, se ha extendido por los estadios del país con la misma facilidad que un rumor de cambio de entrenador.
El insulto suele resonar con especial entusiasmo cuando el portero del equipo contrario realiza un saque de meta, alcanzando su climax cuando la selección mexicana está perdiendo. Porque nada dice “ánimo, equipo” como un coro de insultos homofóbicos, ¿verdad? “Yo me preocupo por la violencia que se expresa en el estadio, que es invisible y que es anónima”, manifestó Bello. “Esta violencia normalizada perpetúa los crímenes de odio por homofobia en este país. Parece algo muy drástico, pero es real. Si creemos que no pasa nada, lo estamos perpetuando”. Vaya, quién iba a pensar que un grito “inofensivo” podría tener consecuencias reales.
Inicialmente, los dirigentes de la federación intentaron vender la idea de que el cántico no estaba dirigido a la comunidad gay y que la palabra tenía “diferentes connotaciones” en la cultura mexicana. Claro, y los penaltis a favor del América son pura casualidad. Luego, cambiaron su postura y lanzaron campañas sociales que fracasaron más estrepitosamente que un triplete defensivo. Ahora, su estrategia maestra se reduce a pedir por favor a los aficionados antes de los partidos que no lo hagan. ¡Revolucionario!
En 2022, la federación también amenazó con vetos de cinco años en los estadios a quienes gritaran el insulto, pero, oh sorpresa, no aplicaron ninguna sanción. Porque ¿para qué cumplir las propias reglas si puedes hacer como que no las ves? “La Federación le querían encontrar otros significados. No tiene otros significados, es un significado homofóbico“, recalcó Bello con la paciencia de un santo. “Hacemos ese llamado a los patrocinadores, a las instituciones, a los jugadores, a los equipos, a las aficiones, a cambiar la forma de ver a las personas y su sexualidad”.
Bello se ha unido a Calma Comunidad, una organización sin fines de lucro que busca proporcionar educación sexual, y al Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred). Juntos, se acercarán a los equipos de primera división y sus grupos de aficionados para realizar talleres antes del Mundial. Porque a veces, la educación es la única tarjeta roja que funciona.
“Creo que es una gran oportunidad para generar estos pequeños grandes cambios. Aquí estamos haciendo resistencia para generar o promover esos cambios“, dijo David Moncada, quien trabaja para Calma Comunidad. Pequeños grandes cambios, como intentar que un estadio entero deje de corear algo que lleva dos décadas repitiendo. Nada ambicioso, por supuesto.
Bello aclaró que ni él ni las otras organizaciones están pidiendo a los aficionados que dejen de divertirse en el estadio, sólo que eviten hacerlo usando un insulto homofóbico. Vaya concepto revolucionario: pasarlo bien sin ofender a nadie. “Yo quiero que gane mi equipo y quiero que el equipo contrario sienta la presión del estadio. Claro que sí voy a gritar y a presionar para que falle, pero no necesito hacer comentarios homofóbicos”, precisó. “No es necesario”. Y sin embargo, aquí estamos, teniendo que explicar lo obvio.
Así que, querida afición mexicana, el balón está en vuestro tejado. Podéis seguir empeñados en ese grito que ya huele a naftalina, regalando dinero a la FIFA en multas y dando una imagen deplorable al mundo, o podéis demostrar que la pasión por el fútbol no está reñida con el respeto. El Mundial 2026 es vuestra oportunidad de marcar un golazo en favor de la inclusión. O de seguir patinando en la misma charca de la intolerancia. Vosotros elegís.
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