La Gran Visita: Un Secretario de Estado en la Puerta
En un giro de eventos que nadie vio venir (o quizá todos, porque es la política internacional y siempre es más de lo mismo), la Presidenta Claudia Sheinbaum ha soltado la bomba: el Secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, podría darse una vuelta por México la primera semana de septiembre. ¿El motivo? Nada más y nada menos que concretar la firma de un acuerdo bilateral en materia de seguridad. Porque, claro, lo que realmente necesitamos en esta relación tan sencilla y descomplicada es otro documento que detalle cómo nos vamos a llevar bien.
Ante la pregunta reveladora de si ya se tenía una fecha programada para la visita del señor Rubio, la respuesta fue un magistral: “Muy probablemente venga… es probable”. Una certeza abrumadora, sin duda. Esta semana se confirmará, porque en la diplomacia de alto nivel todo se decide con la misma anticipación con la que planeas una cena entre amigos un sábado por la noche.
Los Detalles de un Acuerdo que (Supuestamente) No Involucra Boots on the Ground
Y ante la pregunta obvia de si en esta visita se firmaría el famoso acuerdo de seguridad pendiente, la respuesta fue tan contundente como ambigua: “Sí, esa es la idea”. ¡Magnífico! La “idea” es firmarlo. Porque en el mundo de la geopolítica, las “ideas” son tan sólidas como los castillos de arena en la playa.
Los gobiernos de México y Estados Unidos, en un esfuerzo titánico por demostrar que pueden trabajar juntos sin tirarse los platos a la cabeza, negocian este pacto con la loable finalidad de fortalecer la cooperación para hacer frente a los cárteles de la droga. El objetivo declarado es frenar el trasiego ilegal de drogas y armas a través de la frontera común. Un objetivo tan noble como… bueno, como todos los objetivos que se han declarado en los últimos 50 años con los mismos resultados mixtos.
Para calmar los ánimos de los más suspicaces, la Mandataria se ha apresurado a aclarar que el convenio no incluye ningún tipo de intervención militar estadounidense en territorio mexicano. ¡Qué alivio! Porque la última vez que un vecino poderoso dijo “vengo en son de paz”, las cosas no terminaron muy bien para nadie. Según sus declaraciones, el acuerdo se basa en el respeto a la soberanía nacional, el respeto al territorio mexicano, la confianza mutua y la cooperación bilateral sin subordinación. O, lo que es lo mismo: todas las palabras bonitas que se usan en los discursos antes de que la realidad se imponga.
Y en temas concretos, se contempla un incremento en la cooperación en materia de inteligencia. Porque, ¿qué podría salir mal al compartir aún más información entre agencias que históricamente han tenido una comunicación perfecta y libre de filtraciones?
“Esos son los cuatro ejes de principios que rigen el acuerdo”, dijo Sheinbaum, con una fe inquebrantable en el poder de las palabras. “Y a partir de ahí, ya se establece: cómo trabajar conjuntamente para reducir el ingreso de precursores de fentanilo a México, cómo reducir la entrada de armas de Estados Unidos a México, cómo colaborar en la frontera norte entre nuestras áreas, cómo colaborar en temas de inteligencia”. Básicamente, cómo resolver todos los problemas que han definido la relación bilateral durante décadas. Nada ambicioso, por supuesto.
Un Poquito de Historia para Sentir que Avanzamos (O No)
Para los que piensan que esto es algo nuevo, les tenemos noticias: en 2021, las administraciones de Andrés Manuel López Obrador y Joe Biden suscribieron el Acuerdo Bicentenario. Este maravilloso documento dejó de lado el enfoque de la Iniciativa Mérida, que se mantuvo vigente con Estados Unidos durante los sexenios de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto. Porque en política exterior, cambiar el nombre de las cosas es casi tan efectivo como cambiarlas de verdad.
Con la Iniciativa Mérida, el vecino país del norte otorgó a México equipo militar, helicópteros, escáneres, sistemas de comunicación y entrenamiento de policías, militares y ministerios públicos, además de una millonaria asistencia financiera. Un verdadero despliegue de generosidad que, como todos sabemos, resolvió el problema de raíz y para siempre. ¡Oh, esperen! No, no lo hizo.
Con el Entendimiento Bicentenario, ambos gobiernos, en un arrebato de creatividad, modificaron el enfoque y acordaron una cooperación de carácter técnico. Para ello se crearon grupos de trabajo binacionales en temas de drogas, armas, migración y justicia, se pactó la colaboración en salud pública para el tratamiento de las adicciones y se realizaron reuniones anuales del Diálogo de Alto Nivel de Seguridad, para dar seguimiento. O sea, más reuniones, más grupos de trabajo y más diálogo. Porque si algo ha demostrado ser efectivo para detener el flujo de armas y drogas, son las reuniones y los diálogos de alto nivel.
Así que prepárense para la gran visita de septiembre. Marco Rubio podría venir, probablemente, a firmar un acuerdo, esa es la idea. Y tal vez, solo tal vez, esta vez sea diferente. O tal vez sea el mismo perro con distinto collar, pero con un título nuevo y una foto op más moderna. El tiempo, ese juez implacable, tendrá la última palabra.
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