La grieta llega a los gobernadores
La Asociación Nacional de Gobernadores (NGA) acaba de dar un portazo diplomático. Canceló su reunión anual con el presidente Donald Trump después de que la Casa Blanca quisiera invitar solo a los mandatarios estatales republicanos.
¿El motivo? Una cuestión de principios. La NGA es, por definición, bipartidista. Y una invitación excluyente iba en contra de todo lo que representa.
Una carta que habla claro
El gobernador de Oklahoma, Kevin Stitt, quien preside la asociación, lo dejó claro en una carta a sus colegas. Explicó que cuando se enteraron de que el encuentro del 20 de febrero sería solo para figuras del Partido Republicano, retiraron el evento de su agenda oficial.
“Exhortó a los gobernadores a mantener la unidad y evitar que las diferencias partidistas profundicen la división política”, señala la misiva.
Stitt recordó algo crucial: históricamente, los gobernadores han sido un ejemplo de liderazgo pragmático. Su trabajo es concentrarse en lo que afecta a sus comunidades, más allá de las disputas en Washington.
Pero esta vez, la política nacional se coló con fuerza.
El episodio no viene solo. Se suma a tensiones previas entre Trump y gobernadores demócratas, como el cruce del año pasado con la entonces mandataria de Maine, Janet Mills.
Lo que debería ser un espacio tradicional de diálogo —la reunión anual en Washington del 19 al 21 de febrero— ahora tiene un vacío en su programa. Ni la Casa Blanca ni la NGA han dado más explicaciones.
Pero el mensaje está enviado. Cuando se trata de romper puentes bipartidistas, incluso los líderes estatales tienen un límite.




