¡A todo vapor! (o eso esperamos)
En un acto que seguramente no será recordado como “el día que México resolvió su transporte público”, la presidenta Claudia Sheinbaum dio el banderazo simbólico –porque en este país hasta los simbolismos tienen retrasos– al tren México-Querétaro. Sí, el mismo proyecto que ha sido prometido más veces que el fin de la corrupción. Pero esta vez es diferente, ¿verdad? (Risas nerviosas de fondo).
Detalles que inspiran confianza… o no
Según las autoridades, este proyecto faraónico –perdón, “estratégico”– estará listo en 2027. Dos años y medio de construcción, dicen. Lo mismo prometieron con el Metro de CDMX, y ahí seguimos, esquivando baches y hundimientos. Pero claro, ahora es diferente porque lo construirá la Secretaría de la Defensa Nacional. ¿El mismo equipo que administra el Tren Maya? ¡Qué tranquilidad! (Nota mental: revisar cifras de retrasos en ese proyecto).
La justificación de Sheinbaum fue un dechado de optimismo burocrático: “Lo hacen muy bien, no hay nadie mejor que la Defensa Nacional para hacer las cosas”. Claro, porque si algo caracteriza a los militares es su expertise en logística ferroviaria. Aunque, pensándolo bien, quizá sea mejor que ellos lo administren: al menos así nadie osará privatizarlo… o robarse los cables. (Too soon?).
La ruta de los milagros (y los sobrecostos)
El tren promete unir Querétaro con Irapuato, Guadalajara y hasta Nuevo Laredo. ¡3,000 kilómetros de vías! Suena ambicioso, ¿no? Como cuando tu tío borracho jura que mañana deja la cerveza… por décima vez. Pero hey, la velocidad máxima será de 200 km/h, según Andrés Lajous, titular de la Agencia Reguladora de Transporte Ferroviario. Eso sí, omitió mencionar cuánto bajará esa velocidad cuando llueva, haya protestas o simplemente porque “así es el sistema”.
Las estaciones planeadas (Huehuetoca, San Juan del Río, Aeropuerto de Querétaro) suenan bien… en el PowerPoint. Porque todos sabemos que lo importante no es dónde paran los trenes, sino cuándo llegan. Y eso, querido lector, es una apuesta más arriesgada que el tiro al blanco con los ojos vendados.
Bonus track: el discurso político
No podía faltar el toque épico en las palabras de Sheinbaum: “Este tren era un anhelo desde hace muchísimos años, se propuso durante varios sexenios, pero no había gobernado una Presidenta”. Ah, claro. Porque obviamente el problema era el género del ejecutivo, no la crónica falta de presupuesto, planeación o voluntad política. (Aplausos forzados).
Mientras tanto, los ciudadanos seguiremos viajando en autobuses que parecen latas de sardinas, soñando con el día en que un tren puntual no sea una leyenda urbana. Pero hey, al menos tenemos un banderazo. ¡Eso cuenta como progreso!
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