La calificadora pone el dedo en la llaga
Moody’s le acaba de dar una revisada al ambicioso plan de inversión de la Comisión Federal de Electricidad. El veredicto es mixto, como casi todo en este país.
Por un lado, reconocen que la paraestatal tiene capacidad para manejar los riesgos de ejecutar ese programa de 30 mil millones de dólares hacia 2030. Pero hay un pero que pesa más que una turbina.
“Su dependencia del gas natural importado continúa representando una restricción para su perfil crediticio”, sentenció la calificadora.
La adicción que cuesta caro
Ahí está el meollo. Cerca del 60% de la electricidad que genera la CFE viene del gas natural. Y gran parte de ese gas llega por tuberías desde el norte. Traducción: estamos atados a los vaivenes del precio internacional.
La empresa tiene algunos seguros para parte de su consumo diario, lo admiten. Pero si los precios se disparan justo cuando más están invirtiendo… la cosa se pone fea.
Moody’s jugó a escenificar lo que podría pasar. En uno de sus ejercicios, imaginaron un aumento temporal fuerte en los precios del gas para 2027. El resultado: los márgenes se aprietan porque los costos suben rápido, pero las tarifas eléctricas para recuperarlos se ajustan lento.
Es el clásico desfase que termina pagando alguien. Y usualmente no son los accionistas.
Lo irónico es que el plan busca añadir 28 gigawatts de capacidad, con buena parte en renovables. Pero mientras tanto, seguimos nadando en gas. Como querer dejar el cigarro comprando paquetes al mayoreo.
La memoria es corta, pero los números no mienten. Ya hemos visto esta película antes: dependencia, volatilidad, ajustes dolorosos. Moody’s solo puso subtítulos.




