Internacional
Trump intenta remendar lazos con Reino Unido tras críticas a la OTAN
Trump elogia a soldados británicos tras polémica, en un giro que busca calmar la tormenta diplomática desatada.

El giro de Trump: de criticar aliados a elogiarlos
Donald Trump cambió el tono este sábado. Tras días de polémica por sus comentarios sobre la OTAN, el expresidente estadounidense publicó un mensaje en Truth Social alabando a los soldados británicos que combatieron en Afganistán.
“Los grandes y muy valientes soldados de Reino Unido siempre estarán con Estados Unidos de América”, escribió.
La publicación representa un intento claro por contener el daño diplomático. Solo dos días antes, en una entrevista con Fox Business desde Davos, había sembrado dudas sobre el compromiso de los aliados de la OTAN.
La reacción que no esperaba
Las palabras iniciales de Trump provocaron una reacción inmediata y furiosa en Londres. Keir Starmer, el primer ministro británico, las calificó como “insultantes y francamente espantosas”.
La oficina de Downing Street confirmó que el tema se abordó en una conversación telefónica entre ambos líderes este sábado. Según su comunicado:
“El primer ministro mencionó a los valientes y heroicos soldados británicos y estadounidenses que lucharon codo a codo en Afganistán, muchos de los cuales nunca regresaron a casa. Nunca debemos olvidar su sacrificio”.
Lo curioso es que Trump no se retractó directamente. En lugar de disculparse, optó por este nuevo mensaje positivo que parece buscar apaciguar sin admitir error.
El contexto que Trump olvidó
Sus comentarios iniciales ignoraban un hecho histórico clave: después del 11-S, fue precisamente el artículo 5 del tratado de la OTAN -el compromiso de defensa mutua- lo que se activó por primera vez en la historia de la alianza.
Más de 150.000 tropas británicas sirvieron en Afganistán tras la invasión de 2001. Fueron el segundo contingente más grande después del estadounidense. De ellas, 457 nunca regresaron.
La desaprobación no vino solo desde Londres. Gobiernos como los de Italia y Francia también calificaron los comentarios originales de Trump como “inaceptables”.
Patrón reconocible
Para quienes seguimos sus movimientos desde hace años, esto tiene un aire familiar. Critica duramente, genera controversia internacional, luego suaviza el mensaje sin retractarse completamente. Es una diplomacia por shock seguida de corrección parcial.
El problema es que las palabras ya salieron. Y para las familias de esos 457 soldados británicos caídos, el “elogio” posterior probablemente suene hueco después del desprecio inicial implícito hacia su sacrificio.
Las alianzas no se construyen con publicaciones en redes sociales entre crisis mediáticas. Se construyen con consistencia y respeto mutuo. Algo que parece escaparse demasiado a menudo en esta era.
Internacional
La fractura de Trump con la extrema derecha europea
Los planes de Trump sobre Groenlandia abren una grieta inesperada en su alianza con los nacionalistas europeos.

La mano que se suelta
Parecía una alianza inquebrantable. La misma que vimos en fotos como aquel apretón de manos entre Donald Trump y Viktor Orbán en Davos. Pero ahora, los planes del expresidente estadounidense para intervenir en Groenlandia han hecho algo que pocos anticipaban: agrietar su relación con la extrema derecha europea.
No son críticas sutiles. Marine Le Pen, en Francia, habla directamente de “interferencia extranjera”. Giorgia Meloni, primera ministra italiana, le dijo a Trump que sus medidas eran un error. Hasta Nigel Farage, ese viejo aliado británico, calificó la acción sobre Groenlandia de “hostil”.
“La afinidad ideológica no siempre garantiza apoyo político”
Aquí está el meollo del asunto. Cuando se trata de soberanía nacional —ese concepto sagrado para cualquier movimiento nacionalista—, las lealtades ideológicas crujen. Los legisladores de ultraderecha en el Parlamento Europeo ya están apoyando medidas para frenar pactos comerciales con Estados Unidos. Es un rechazo directo a la presión de Trump.
El Este resiste (por ahora)
Mientras Occidente critica, el flanco oriental guarda silencio. Viktor Orbán en Hungría y Andrej Babis en la República Checa mantienen una postura cautelosa. Orbán incluso defendió las acciones estadounidenses como “asuntos internos o de la OTAN”. Para él, mantener la relación estratégica con Washington —y su influencia en política energética— pesa más.
Pero esta división es reveladora. Muestra que la convergencia ideológica tiene límites muy claros: la defensa de la soberanía nacional. Expertos ya advierten que si Trump continúa con medidas percibidas como intervencionistas, esta alianza transatlántica podría romperse definitivamente.
Cada partido empezaría a priorizar lo local sobre la deferencia hacia Estados Unidos. Y eso cambiaría por completo el mapa geopolítico de la derecha radical en Europa.
Lo que comenzó como un apretón de manos en Davos podría terminar siendo un adiós distante. Las crisis, al final, se ven diferente desde dentro.
Internacional
Trump amenaza a Canadá con aranceles del 100% por pacto con China
Trump amenaza a Canadá con aranceles del 100% si sigue adelante con su acuerdo comercial con China.

La bomba arancelaria de Trump
El presidente estadounidense Donald Trump lanzó una nueva amenaza comercial que podría cambiar las reglas del juego en Norteamérica. A través de sus redes sociales, advirtió que impondría un arancel del 100% a los bienes canadienses si el país mantiene su acuerdo comercial con China.
“No permitiré que Canadá sirva como ‘Puerto de Descarga’ para que China envíe productos a EU”, declaró Trump.
Esta advertencia marca un deterioro brutal en las relaciones entre Washington y Ottawa. Lo curioso es que inicialmente, Trump había visto con buenos ojos las negociaciones entre Canadá y China.
¿Por qué ahora la amenaza?
El conflicto estalló después de que Canadá negociara reducir aranceles a vehículos eléctricos chinos. A cambio, Beijing bajaría los impuestos a productos agrícolas canadienses. Un intercambio que parecía lógico hasta que Trump cambió de opinión.
La tensión con el primer ministro Mark Carney se intensifica en medio de fricciones internacionales cada vez más complejas. Esto no es solo sobre autos eléctricos o soja canadiense. Es sobre quién controla las rutas comerciales globales.
He visto suficientes guerras comerciales para saber cómo empiezan: con amenazas en redes sociales que luego se convierten en políticas reales. Lo preocupante es cómo estas disputas entre gigantes afectan a familias reales, a agricultores y trabajadores en ambos lados de la frontera.
Cuando mi hijo me pregunta por qué suben los precios, cada vez es más difícil explicarle la geopolítica detrás de su comida o sus juguetes. Esta escalada podría hacer esa conversación aún más complicada.
Internacional
Adiós a los pandas: la diplomacia se enfría en Tokio
La partida de los últimos pandas de Japón revela cómo la tensión política con China afecta hasta los símbolos más queridos.

El último minuto de bambú
Los gemelos Xiao Xiao y Lei Lei mordisquean su despedida. Este domingo fue la última vez que los fanáticos japoneses pudieron verlos en el zoológico de Ueno, antes de que regresen a China el martes. Por primera vez en medio siglo, Japón se quedará sin pandas.
Y no es casualidad.
“Sé que los pandas gigantes son amados por muchas personas en Japón, y damos la bienvenida a los amigos japoneses a que vengan a visitarlos en China”, dijo Guo Jiakun, portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China.
Una respuesta educada, pero fría. No hay promesas de nuevos préstamos. Las relaciones entre Tokio y Pekín están por los suelos, y estos osos adorables son otra víctima colateral.
Cuando lo tierno se vuelve geopolítica
China empezó a enviar pandas como regalo diplomático en 1972, para celebrar la normalización de relaciones con Japón. Eran un símbolo de buena voluntad. Ahora son un termómetro de la tensión.
Las disputas territoriales en el Mar de China Oriental, los comentarios sobre Taiwán y hasta el retraso para aprobar un nuevo cónsul japonés han creado una tormenta perfecta. La “diplomacia panda” se congela.
Mientras, en Ueno, la despedida fue emotiva. Takahiro Takauji, un ingeniero que ha tomado más de 10 millones de fotos de pandas, formó parte de las largas filas para el último vistazo.
“Nunca imaginé que llegaría un día en que los pandas desaparecerían de Japón”, afirma Takauji, quien considera a los gemelos “como mis propios hijos”.
Para él y miles más, no es solo una atracción turística. Es una rutina diaria, una obsesión cultural. Las tiendas alrededor del zoológico viven de la imagen del panda: galletas, peluches, papelería.
El impacto económico será brutal. Según el profesor Katsuhiro Miyamoto, la ausencia causaría una pérdida anual de unos 128 millones de dólares. Y si se extiende por años, las pérdidas serán astronómicas.
Asao Ezure, gerente de una tienda de recuerdos, muestra un cartel con dibujos de Xiao Xiao y Lei Lei. “Los pandas son un símbolo de Ueno, una estrella”, dice. “Nos preocupa cómo afectará su ausencia”.
Pero tiene esperanza: “Creo que los pandas volverán. Así que no vamos a cambiar el cartel”.
La pregunta es cuándo. Y eso ya no depende del zoológico ni de los fanáticos. Depende de unos despachos gubernamentales donde el bambú escasea y los cálculos políticos mandan.

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