Nacional
La Marina despliega poderío en Veracruz tras diluvio
La Marina despliega un operativo sin precedentes para rescatar comunidades aisladas y llevar esperanza a los estados más afectados por la furia de la naturaleza.
Un Muro de Agua y un Desafío Épico
El cielo se desgarró sobre el oriente de México, liberando un diluvio bíblico que convirtió calles en ríos embravecidos y plazas públicas en lagos de desesperación. Los estados de Veracruz, San Luis Potosí, Hidalgo y Puebla se vieron consumidos por la furia implacable de la naturaleza, una fuerza primigenia que parecía decidida a borrar todo a su paso. En medio de este caos acuático, cuando la esperanza comenzaba a extinguirse como una llama bajo la tormenta, una flota de titanes emergió en el horizonte. Eran los buques ARM “Papaloapan” y ARM “Oaxaca”, colosos de acero navegando con la determinación de una nación entera, transportando a 419 héroes anónimos listos para librar la batalla más crucial: la de la supervivencia humana.
Este no era un simple operativo; era un puente marítimo de vida, una arteria vital abierta a través de las aguas enfurecidas para alcanzar los corazones devastados de Álamo, El Higo y Poza Rica en Veracruz. Cada ola que rompía contra sus cascos era un recordatorio de la urgencia, cada gota de lluvia, un latido del tiempo que se agotaba. La Secretaría de Marina no solo movilizaba sus mejores recursos; desplegaba un símbolo de resistencia, un faro de orden en un mundo sumido en el caos líquido. El Plan Marina se activaba no como un protocolo, sino como un juramento, una promesa hecha entre el hierro de los buques y el espíritu indomable de sus tripulantes.
La Ofensiva Aérea y Terrestre: Una Carrera Contra el Reloj
Mientras los gigantes navales surcaban las costas, los cielos rugían con el estruendo de otra flota, una compuesta por siete helicópteros y ocho aviones que tejían una red de salvación en el firmamento. Estos puentes aéreos se convirtieron en los ángeles guardianes de las comunidades arrasadas, realizando vuelos diarios sobre un territorio de pesadilla de 17 mil 200 kilómetros cuadrados. Su misión era titánica: alcanzar a 51 comunidades dispersas en ocho municipios claves, desde las alturas de Ilamatlán hasta los valles inundados de Zacualpan. Cada descenso era una apuesta contra la gravedad y la fatalidad, transportando no solo víveres y medicamentos, sino la esencia misma de la esperanza para aquellos que veían desde el suelo cómo su mundo se desvanecía.
En tierra, la batalla era una coreografía de sudor y determinación. Los elementos navales, convertidos en una legión de salvamento, se enfrentaban a un panorama desolador. Calles y viviendas yacían bajo un manto de lodo y escombros, un recordatorio silencioso de la furia que había pasado. La limpieza y retiro de escombros no era una simple tarea de mantenimiento; era una cruzada por recuperar la dignidad, el libre tránsito y, lo más crucial, una lucha feroz para prevenir riesgos sanitarios que pudieran desatar una segunda tragedia, una plaga invisible que amenazaba desde las sombras. Cada tabla removida, cada montón de lodo extraído, era un territorio reconquistado al desastre.
Y en medio del lodo y la desesperación, surgían santuarios de humanidad. Las brigadas médicas se convertían en faros de compasión, donde cada atención médica era un acto de fe en la vida. La distribución de medicamentos y las 766 atenciones sanitarias brindadas no eran solo números en un reporte; eran suspiros de alivio, manos que sostenían a otros en la oscuridad. La entrega de 5,500 despensas, 775 raciones calientes que humeaban como un milagro en el aire frío, nueve toneladas de sardina y 55,259 litros de agua potable —generada por plantas purificadoras y entregada en botellas— era un banquete de supervivencia, un recordatorio tangible de que nadie luchaba solo.
El Balance de una Guerra y un Juramento de Lealtad
Las cifras finales de esta epopeya son un testimonio de una hazaña colectiva que raya en lo sobrehumano. 201 vías de comunicación despejadas, arterias terrestres reabiertas para que la vida volviera a circular. 599 árboles y espectaculares derribados, obstáculos colosales removidos por la fuerza pura y la maquinaria pesada. 8,459 evacuaciones, cada una una historia de terror superado y de vidas arrebatadas a las fauces de la inundación. 2,812 traslados a albergues, ofreciendo un techo y un respiro a quienes lo habían perdido todo. Quince toneladas de basura retiradas, limpiando la herida abierta en la tierra.
Detrás de estos números monumentales late el corazón de un estado de fuerza descomunal: 3,300 elementos navales convertidos en guardianes, 88 vehículos que eran fortalezas móviles, 19 embarcaciones que surcaban lo impensable, seis cocinas móviles que alimentaban el alma, tres plantas potabilizadoras que convertían el caos en vida, y una flota de aeronaves que desafiaban los cielos. Esta maquinaria de esperanza, este despliegue sin precedentes, era la materialización de un compromiso inquebrantable.
La Secretaría de Marina no solo ejecutaba un protocolo de situaciones de emergencia; reiteraba un pacto sagrado con el pueblo de México. Un juramento de servir con eficiencia, con una solidaridad que nace de lo más profundo del espíritu humano, y con una entrega que no conoce límites. En cada rincón inundado, en cada mirada de agradecimiento, su promesa resonaba más fuerte que cualquier trueno: siempre listos, siempre presentes, un muro humano contra la adversidad. Esta no es solo la crónica de un rescate; es la leyenda de cómo, en el momento más oscuro, la luz de la cooperación y el valor puede iluminar incluso la noche más profunda.
Esta historia de valor y solidaridad debe ser conocida por todos. Comparte este relato de resiliencia en tus redes sociales y ayúdanos a que el mensaje de esperanza llegue a cada rincón. Explora más contenidos sobre los héroes anónimos que trabajan incansablemente por México.
Nacional
Trump dice que seguirá en contacto con Machado
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó este viernes que planea mantener el contacto con la líder opositora venezolana, María Corina Machado.
Tras su encuentro del jueves en la Casa Blanca, Trump declaró que se trata de una mujer a la que “respeta mucho”. En esa reunión, Machado señaló que le transmitió al mandatario estadounidense que “hoy más del 90% de los venezolanos queremos lo mismo: vivir con libertad, dignidad y justicia”.
Los detalles del encuentro entre Trump y Machado
“Fue un gran honor para mí conocer a María Corina Machado, de Venezuela”, escribió Trump en una publicación en Truth Social. “María me presentó su Premio Nobel de la Paz por el trabajo que he realizado. Un gesto maravilloso de respeto mutuo”.
Nacional
Un triste hallazgo en la colonia que duerme entre calles con nombres festivos
El hallazgo de un cuerpo en la calle 23 de diciembre desató el protocolo habitual: cinta amarilla, curiosos y muchas preguntas sin respuesta.
La muerte llama a la puerta en la calle 23 de diciembre
Ah, la colonia 15 de enero. Un lugar tan festivo que incluso sus calles llevan nombres de fechas célebres. Pero ayer, en la calle 23 de diciembre, el regalo anticipado fue bastante más macabro: el cuerpo sin vida de un hombre. Porque nada dice “espíritu navideño” como encontrar a alguien que ya no respira sobre un colchón en la vía pública.
Los vecinos, esos héroes anónimos del cotilleo barrial, fueron los primeros en notar que algo andaba mal. Su radar de chismes se activó cuando vieron que el individuo en situación de calle que usualmente dormía allí llevaba demasiado tiempo quieto. ¿Estará profundamente dormido o profundamente muerto?, debieron preguntarse. Ante la duda, y demostrando una eficacia envidiable, optaron por lo más sensato: marcar al 911. Más vale prevenir que lamentar, ¿no?
Vecinos del lugar refieren que el hoy occiso es un individuo en situación de calle que comúnmente dormía en esta calle, por lo que se les hizo extraño ver que no se movía.
Así comenzó el circo. Llegaron los paramédicos de la Cruz Roja, confirmaron lo obvio —que efectivamente, estaba muerto— y dieron parte a las autoridades. Porque ese es el protocolo: tú encuentras el cuerpo, nosotros constatamos que es un cuerpo, y luego llamamos a los que se encargarán del cuerpo. Una cadena de mando perfectamente aceitada para gestionar la tragedia.
El despliegue oficial ante lo inevitable
No podían faltar. Los elementos de la Guardia Estatal y la Fiscalía General arribaron al sitio con esa mezcla de solemnidad y rutina que caracteriza estos eventos. Su misión: acordonar el área con esa cinta amarilla que tanto nos fascina y realizar las “indagatorias pertinentes”. ¿Pertinentes para qué? Para determinar, supongo, que un hombre sin hogar fue encontrado muerto en la calle donde solía dormir. Un misterio digno de Sherlock Holmes.
La calle fue cerrada. El tráfico, desviado. Todo debe detenerse mientras se realiza el levantamiento del cadáver y la necropsia de ley. Porque la burocracia de la muerte es implacable: formularios, procedimientos, esperas. Se estima que el cierre durará “un par de horas”, aunque todos sabemos que ese “par” puede estirarse más que un chicle pegado en el pavimento.
Y mientras tanto, ¿qué sabemos? Poco. Que era un hombre. Que aparentemente tenía lesiones en su cuerpo. ¿De qué tipo? No se especifica. Podrían ser desde moretones hasta señales de algo más siniestro. El comunicado oficial es tan vago que da pie a toda clase de especulaciones innecesarias y morbosas. ¿Se cayó? ¿Lo empujaron? ¿Le dio un patatús después de una cena cuestionable recuperada de un contenedor? El silencio oficial es el mejor aliado de la imaginación popular.
Lo más irónico del asunto es el escenario: una colonia llamada 15 de enero, una calle llamada 23 de diciembre. La muerte no respeta calendarios ni nomenclaturas festivas. Se instala donde quiere, incluso entre calles cuyo nombre evoca regalos y propósitos de año nuevo.
Al final del día, queda una pregunta flotando en el aire cargado de indiferencia urbana: ¿cuántas personas deben morir en el anonimato antes de que su paseo sea algo más que una nota policial breve? Hoy fue un hombre sin nombre en la calle 23 de diciembre. Mañana podría ser cualquiera.
¿Esta nota te hizo reflexionar (o por lo menos arquear una ceja)? Compártela con ese amigo al que le gusta comentar las noticias con un tono igualmente cáustico. Y si te interesa estar al tanto del pulso real –y a menudo absurdo– de la ciudad, explora más contenido como este.
Nacional
Diplomacia vaticana: reunión clave mientras la visita papal flota en el aire
El embajador en El Vaticano se reúne con Segob mientras la invitación al papa sigue en el limbo. ¿Visita papal o eterna espera?
La diplomacia mexicana con el Vaticano: mucho protocolo, poca confirmación y un papa en standby
Ahí va la cosa. Este martes, Alberto Barranco Chavarría, nuestro embajador ante la Santa Sede –sí, ese puesto existe y alguien lo tiene–, se sentó con Rosa Icela Rodríguez de Gobernación y Clara Luz Flores de Asuntos Religiosos. La agenda: revisar los asuntos bilaterales. O sea, la relación México-Vaticano, que suena a trama secundaria de una serie política pero aparentemente es importante.
“Siempre respetuosa y constructiva”, dijo Rodríguez sobre la reunión.
Traducción millennial: “Nos llevamos bien, no hubo drama, pero tampoco anunciamos nada espectacular”. Es el equivalente diplomático a poner “✨” en una historia de Instagram.
Pero hablemos de lo que todos queremos saber: ¿Y el papa? ¿Cuándo viene? Porque resulta que la presidenta Claudia Sheinbaum ya le extendió la invitación a León XIV –no confundir con los reyes franceses del pasado– durante una llamada por el Día de la Virgen de Guadalupe. Un movimiento clásico. El problema es que, desde entonces, la confirmación brilla por su ausencia.
El eterno ‘tal vez’ de la visita papal
La semana pasada, Barranco Chavarría estuvo por México para una reunión de embajadores y dejó caer esta perla:
“No hay todavía una respuesta”, dijo el embajador sobre la posible visita.
O sea, ni sí ni no, sino todo lo contrario. El Vaticano tiene a México en “visto”, como ese mensaje importante que nunca contestas. Sheinbaum misma comentó el 15 de diciembre que aún no había fecha. Así que seguimos en modo espera, con la incertidumbre como único plan confirmado.
El contexto importa: Una visita papal no es cualquier cosa. Requiere logística monumental, seguridad extrema y una agenda que equilibre lo espiritual con lo político. Además, León XIV lleva poco tiempo en el cargo –sí, es un nombre curioso para un papa moderno– y probablemente está priorizando otros frentes. Pero para México, especialmente con la devoción guadalupana, sería un evento de primer orden.
Mientras tanto, las reuniones como la de hoy sirven para mantener los canales abiertos. Para asegurar que, cuando (o si) llegue el sí del Vaticano, todo esté listo. Es diplomacia en su estado más puro: mucha preparación para un evento que puede o no ocurrir.
¿Qué sigue? Seguir esperando. La bola está en la cancha del Vaticano. Mientras tanto, México sigue haciendo su tarea: reuniones formales, declaraciones cuidadosas y ese optimismo cauteloso que caracteriza a las relaciones internacionales cuando hay mucho en juego pero pocas certezas.
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¿Te intriga este baile diplomático? Comparte esta nota y hablemos de las relaciones internacionales más inesperadas.
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