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Internacional

El miedo a ICE vacía las escuelas de Washington

La sombra de las redadas migratorias altera la rutina escolar y siembra el pánico en comunidades de la capital estadounidense.

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Cuando ir por leche se convierte en una pesadilla

Imagina que tu vida es tan estable como un castillo de naipes en un terremoto. Así vivía una familia en Washington, hasta que un día cualquiera, el papá salió a comprar leche y pañales. Suena a el inicio de una película de suspense mal escrita, pero no, es la cruda realidad para muchos. El tipo no volvió. En su lugar, llegó una llamada telefónica: lo habían detenido. “Tranquila, solo es la policía local”, dijo, como si eso fuera un consuelo. Spoiler alert: no lo fue. La siguiente actualización de su paradero fue desde un centro de detención en Virginia. Y luego, deportación. Fin de la historia. O más bien, el inicio del trauma para los que se quedaron.

La madre, una inmigrante guatemalteca indocumentada con más de una década viviendo en las sombras del sueño americano, se quedó al frente de sus tres hijos, todos nacidos en la capital. El miedo se instaló en su casa como un inquilino no deseado. Tanto, que llevar a los dos mayores a la escuela charter cercana se convirtió en una misión imposible. ¿La razón? El pánico a que, en cualquier esquina, unos agentes de ICE enmascarados la esperaran para seguir los pasos de su esposo. Habló bajo condición de anonimato, porque, seamos honestos, en esta distopía, el anonimato es el nuevo escudo anti-balas.

El efecto colateral: la educación en jaque

Las escuelas en Washington reabrieron sus puertas a finales de agosto, pero el ambiente distaba mucho de ser el de un feliz regreso a clases. En lugar de mochilas llenas de ilusión, los niños cargaban con ansiedad. La presencia policial se intensificó, transformando vecindarios normalmente tranquilos en escenarios de una serie de terror que nadie pidió ver. Y esto, amigos, no es un fenómeno aislado de la capital. Es el prototipo de lo que podría replicarse en otras grandes ciudades con la estrategia de enviar agentes federales a las calles.

El impacto en la comunidad es palpable. Ben Williams, un profesor de estudios sociales que también forma parte de la Junta Estatal de Educación del Distrito de Columbia, lo resumió con una crudeza que duele: “En mi comunidad, el impacto ha sido un miedo y terror inmenso que amenaza la seguridad de los estudiantes al ir y venir de la escuela todos los días”. O sea, la pesadilla no es solo la deportación, es la incertidumbre constante, la paranoia de que hoy le toque al vecino, y mañana, a ti.

En el barrio de Mount Pleasant, donde las casas de un millón de dólares coexisten con apartamentos de familias inmigrantes, la tensión es tan espesa que se puede cortar con un cuchillo. Los arrestos se volvieron algo común, tan común que los vecinos empezaron a documentarlos como si fueran birdwatchers de una especie particularmente siniestra. Raúl Cortez, un inmigrante salvadoreño, contó que su hijo de 7 años ha desarrollado un pavor profundo a la policía. “Los niños prestan atención. Son muy inteligentes y saben lo que está pasando”, dijo. No hace falta ser un genio para notar el trauma: el niño ve un coche patrulla y sus ojos se abren como platos. Bienvenidos a la infancia robada.

La resistencia se organiza: autobuses a pie y silbatos naranjas

Frente a la adversidad, la comunidad no se cruzó de brazos. Conscientes de que muchos padres tenían miedo de salir de sus casas, los voluntarios se organizaron creando “autobuses a pie”. Básicamente, son grupos de acompañamiento para que los niños puedan caminar desde sus edificios de apartamentos hasta las escuelas con una escolta humana. Fuera de la Escuela Primaria Bancroft, un centro que enseña en inglés y español, los voluntarios se apostan en las esquinas con chalecos naranjas fluorescentes, listos para soplar un silbato si ven acercarse a las autoridades de inmigración. Es como un juego de la rayuela, pero donde perder significa la deportación de tu familia.

Este temor a ICE no es una paranoia infundada; tiene consecuencias reales y medibles. Investigaciones han vinculado las redadas de inmigración cerca de los centros educativos con un rendimiento académico más bajo para los estudiantes latinos, quienes son más propensos a tener lazos familiares con inmigrantes. La represión de la inmigración de la administración Trump ya había causado estragos en la asistencia escolar en otras partes del país. Tras su toma de posesión, distritos de todo EE.UU. reportaron una caída en la presencia estudiantil. En el Valle Central de California, por ejemplo, las redadas de inmigración coincidieron con un aumento del 22% en las ausencias en comparación con los dos años anteriores, según un estudio de la Universidad de Stanford.

Mientras tanto, en Washington, las autoridades educativas intentan mantener la calma. Paul Kihn, el director de educación, sostuvo en una conferencia de prensa que la asistencia estaba en niveles similares al año pasado. Pero, ¿es realmente así? Las Escuelas Públicas de D.C. se negaron a proporcionar datos concretos sobre la asistencia escolar durante esta intervención federal. Ben Williams, que representa a escuelas con grandes comunidades de inmigrantes, fue más directo: la asistencia en algunos centros ha caído. En otras palabras, el miedo está ganando, y las aulas se están quedando vacías.

**¿Y ahora qué?** La situación es un recordatorio grotesco de cómo las políticas de inmigración agresivas no solo destrozan familias, sino que erosionan el derecho fundamental a la educación. Los niños, los más vulnerables en este juego de poder, son quienes cargan con las secuelas psicológicas y académicas. La comunidad responde con solidaridad, pero no debería tener que hacer el trabajo del Estado. Es una historia que se repite, una que esperábamos que quedara en el pasado, pero que, como un mal reboot de una franquicia, ha vuelto para atormentarnos.

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La UE prioriza el gasto militar en su paquete de ayuda a Ucrania

La UE destina 60.000 millones de euros a defensa ucraniana, condicionando el apoyo a reformas democráticas y lucha anticorrupción.

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La UE prioriza el gasto militar en su paquete de ayuda a Ucrania

Bruselas ha desvelado los detalles de un plan financiero masivo para sostener a Ucrania durante los próximos años. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, confirmó este miércoles que la mayor parte de un nuevo programa de préstamos por valor de 90.000 millones de euros se destinará directamente a necesidades militares y defensivas.

El desglose es claro: 60.000 millones de euros (unos 70.000 millones de dólares) irán a apoyo militar, mientras que los 30.000 millones restantes se dedicarán a ayuda presupuestaria para estabilizar la economía ucraniana. Esto no es casualidad.

“Todos queremos la paz para Ucrania, y para eso Ucrania debe estar en una posición de fuerza”, declaró Von der Leyen al explicar la lógica detrás del gasto.

La estrategia europea se basa en una premisa simple pero costosa: la paz negociada solo llega desde una posición de fortaleza. Y construir esa fortaleza requiere armamento, equipamiento y una base industrial defensiva integrada con Europa.

Un paquete condicionado por reformas y contexto financiero

Pero el dinero no llega sin condiciones. Von der Leyen fue tajante:

“Estas condiciones no son negociables para ningún apoyo financiero”.

Ucrania debe emprender reformas democráticas profundas, con especial énfasis en el estado de derecho y la lucha contra la corrupción. Este punto es especialmente delicado dado el historial del país y las recientes tensiones internas, incluida la dimisión del jefe de gabinete presidencial Andrii Yermak tras una investigación anticorrupción.

El contexto financiero es apremiante. El Fondo Monetario Internacional estima que Ucrania necesitará unos 137.000 millones de euros entre 2026 y 2027. El paquete europeo cubre gran parte, pero no todo. La UE espera que otros aliados como Reino Unido, Canadá, Japón y Noruega ayuden a cerrar esa brecha, mientras el FMI prepara su propio préstamo multimillonario para el próximo mes.

El calendario es ajustado. La Comisión quiere que los fondos empiecen a fluir en abril, pero antes necesita el visto bueno de los países miembros y del Parlamento Europeo. Una vez aprobado, el dinero militar se usará principalmente para comprar equipos dentro del área económica europea (UE y países como Noruega), aunque se dejará una puerta abierta a adquisiciones fuera si resultan más efectivas.

Hay otro mecanismo interesante: en algunos casos, parte del dinero podría canalizarse a través de un esquema de la OTAN para que aliados europeos y Canadá compren armamento estadounidense y lo donen directamente a Kiev. Es un guiño a la interoperabilidad transatlántica.

La conclusión es clara: Europa está haciendo una apuesta estratégica a largo plazo. No se trata solo de mantener a Ucrania a flote económicamente, sino de fortalecer su capacidad defensiva mientras la ancla institucionalmente al bloque mediante reformas y una integración más profunda en su base industrial militar.
El mensaje subyacente para Moscú es tan económico como político: la UE está dispuesta a sostener este esfuerzo durante años, vinculando la reconstrucción futura al pago de reparaciones por parte de Rusia una vez finalice el conflicto.


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Internacional

Trump ordena a somalíes con TPS abandonar EE.UU. en marzo

La administración Trump cancela la protección a cientos de somalíes, en una medida que intensifica su agenda de deportación y genera protestas.

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¡Temporal significa temporal! (Excepto cuando no)

Ah, la poesía burocrática. “La temporalidad significa temporalidad”, declaró con la solemnidad de un oráculo la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem. Qué frase tan profunda, tan filosófica. Casi tan profunda como el compromiso de esta administración con la coherencia. Porque, claro, cuando se trata de poner “a los estadounidenses primero”, ¿qué mejor manera que darle un ultimátum a 705 personas en un país de 330 millones? Una verdadera operación de seguridad nacional.

El gobierno del presidente Donald Trump anunció que pondrá fin al Estatus de Protección Temporal (TPS) para inmigrantes de Somalia. Sí, otra joya más en la corona de su agenda de deportación masiva. Porque nada dice “América First” como desestabilizar las vidas de cientos de personas que son, atención al dato, un “pequeño subconjunto” entre casi 1.3 millones de inmigrantes con TPS. Prioridades, ¿verdad?

Los somalíes afectados deben abandonar Estados Unidos antes del 17 de marzo, cuando expiren las protecciones existentes, extendidas por última vez por el expresidente Joe Biden.

Marzo. Una fecha límite perfecta. No muy lejana para causar pánico inmediato, pero lo suficientemente próxima para que planificar tu vida o tu huida sea un deporte extremo. Y todo esto ocurre mientras Minneapolis —hogar de una gran comunidad somalí— hierve por el asesinato de una manifestante a manos de un agente del ICE. Pura casualidad, sin duda.

La “mejoría” somalí y otras ficciones legales

El Departamento de Seguridad Nacional justifica la medida con un argumento que haría sonrojar a un novelista barato: las circunstancias en Somalia “han mejorado hasta el punto” de que ya no cumple los requisitos para el TPS. Me pregunto qué métricas usan para medir esa “mejoría”. ¿Menos balas por metro cuadrado? ¿Sequías ligeramente más cortas? Porque el pequeño detalle es que Somalia sigue siendo una de las naciones más pobres del mundo, asediada por décadas de conflicto crónico y desastres naturales.

Pero no me crean a mí. Crean al propio informe del Congreso de 2025, que señala que los somalíes habían recibido más de dos docenas de extensiones debido a la perpetua “inseguridad y el conflicto armado en curso que presentan serias amenazas para la seguridad”. ¿Serias amenazas? Bah, minucias. Probablemente solo sean exageraciones de quienes no entienden que “temporal” es un concepto flexible… hasta que a alguien se le antoja que ya no lo es.

Y aquí entra el toque personal del expresidente. Trump ha dirigido una retórica particularmente creativa contra los inmigrantes somalíes. Los ha acusado de defraudar programas federales y, en diciembre, soltó esta perla:

Dijo que no quería somalíes en Estados Unidos, afirmando que “vienen del infierno” y “no contribuyen en nada”.

Vienen del infierno. Una descripción geopolítica impecable. Sin distinciones entre ciudadanos y no ciudadanos, porque ¿para qué complicarse con detalles legales cuando tienes un buen eslogan?

La obsesión personal convertida en política pública

El capricho no termina ahí. Trump ha tenido palabras especialmente cariñosas para la representante Ilhan Omar, demócrata de Minnesota que emigró de Somalia siendo niña y es, oh sorpresa, ciudadana estadounidense. El mandatario ha sugerido repetidamente su deportación (genial idea, deportar a una congresista electa) y en un arrebato otoñal la llamó “basura”. Clase y elegancia desde la Oficina Oval.

Omar, quien ha criticado abiertamente el despliegue del ICE en Minneapolis, ha calificado esta fijación como “espeluznante e malsana”. Y uno piensa: ¿será que toda esta movida contra el TPS somalí es política pública meticulosa o simplemente el rencor personal escalado a nivel federal? Nunca lo sabremos… aunque las pistas apuntan fuerte a lo segundo.

El Congreso estableció el programa TPS en 1990 para ayudar a personas huyendo de condiciones inestables y amenazantes. Somalia recibió la designación en 1991 bajo George H.W. Bush debido a una guerra civil. Se ha extendido durante décadas porque —sorpresa— las condiciones inestables y amenazantes persistían. Hasta ahora, aparentemente.

Así que ahí están: cientos de personas atrapadas entre la retórica incendiaria de un expresidente obsesionado, una secretaria que repite eslóganes como mantras y un país de origen al que, según los papeles oficiales, ya no le pasa nada suficientemente malo como para merecer compasión.

Todo muy temporal. Todo muy absurdo.


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Protestas y demanda judicial contra redadas de ICE en Minnesota

Estudiantes y activistas enfrentan redadas migratorias en Minneapolis, mientras autoridades estatales presentan demandas para detener las operaciones federales.

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Tensión en Minneapolis por despliegue masivo de agentes migratorios

Las calles de Minneapolis se llenaron de tensión y gas lacrimógeno este martes. Agentes federales lanzaron gases y rociaron irritante contra activistas que protestaban cerca del lugar donde Renee Good fue fatalmente baleada la semana pasada por un agente de inmigración. Escenas caóticas se vivieron mientras un hombre se frotaba los ojos con nieve, gritando pidiendo ayuda, y agentes en un Jeep sin identificación rociaban el irritante naranja antes de alejarse.

“¿Quién no tiene silbato?”, gritó un hombre con una bolsa de ellos.

La protesta no fue aislada. En Brooklyn Park, estudiantes abandonaron sus aulas en solidaridad con el movimiento contra las operaciones migratorias, siguiendo el ejemplo de alumnos en otras partes del país. Este despliegue ocurre mientras Minnesota se convierte en el epicentro de lo que ICE describe como su mayor operación hasta la fecha, con más de 2,000 agentes enviados al estado.

La batalla legal se intensifica

Minnesota no se queda de brazos cruzados. El estado, junto con las ciudades de Minneapolis y St. Paul, presentaron una demanda contra el gobierno federal el lunes, buscando detener o limitar lo que califican como una “invasión federal” a las Ciudades Gemelas.

“Esto es, en esencia, una invasión federal de las Ciudades Gemelas en Minnesota, y debe detenerse”, afirmó el fiscal general del estado, Keith Ellison.

La demanda argumenta que el Departamento de Seguridad Nacional está violando protecciones constitucionales al enfocarse específicamente en un estado progresista que favorece a los demócratres. El alcalde de Minneapolis, Jacob Frey, fue contundente al describir el impacto:

“Lo que estamos viendo son miles —en plural— miles de agentes federales entrando en nuestra ciudad. Y, sí, están teniendo un impacto tremendo en la vida cotidiana”.

Mientras tanto, Brita Anderson, quien vive cerca y acudió a apoyar a amigos del vecindario, expresó su indignación al ver a agentes con equipo táctico completo:

“Sentí que la única razón por la que vendrían aquí es para acosar a la gente”, señaló Anderson.

Respuestas políticas y movilización nacional

La muerte de Renee Good —una madre de tres hijos de 37 años— ha desatado decenas de protestas y vigilias por todo Estados Unidos. Su caso simboliza la creciente tensión entre comunidades locales y las políticas migratorias federales.

El Departamento de Seguridad Nacional reporta más de 2,000 arrestos en Minnesota desde principios de diciembre y promete no retroceder. Tricia McLaughlin, portavoz del departamento, respondió a la demanda acusando a las autoridades estatales:

“El trabajo del presidente Trump es proteger al pueblo estadounidense y hacer cumplir la ley, sin importar quién sea su alcalde, gobernador o fiscal general del estado”.

Pero las críticas continúan. El gobierno federal defiende al agente que disparó contra Good argumentando defensa propia —una versión cuestionada por Frey, el gobernador Tim Walz y otros basándose en videos de la confrontación.

La reacción política se extiende más allá de Minnesota. En Massachusetts, dos legisladores demócratas anunciaron un proyecto de ley para facilitar demandas contra agentes federales acusados de violar derechos civiles —aunque tiene pocas probabilidades en un Congreso controlado por republicanos. En Wisconsin, la vicegobernadora Sara Rodríguez propuso prohibir operativos migratorios cerca de escuelas, hospitales e iglesias.

Lo que viene: Un tribunal federal deberá decidir si suspende las operaciones mientras continúan las protestas. La comunidad observa si la presión legal y social puede cambiar el curso de lo que muchos residentes ven como una presencia militarizada desproporcionada en sus barrios.

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