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Nacional

La violencia se instala en las salas de espera de Culiacán

La violencia no respeta ni los lugares más sagrados, mientras las autoridades ofrecen escuetos comunicados.

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Porque nada dice “zona de paz” como el sonido de fusiles automáticos

En un giro que absolutamente nadie vio venir (mentira, todos lo vimos venir), la Secretaría de Seguridad Pública del Estado, esa institución que siempre está un paso detrás de la realidad, se dignó a alertar a la ciudadanía sobre un pequeño, insignificante detalle: disparos dentro de una clínica médica privada. Porque ¿qué mejor lugar para resolver diferencias que entre el quirófano y la sala de espera?

El escenario de este nuevo capítulo de “Sinaloa: Medical Drama” se localiza, para quien tenga el valor de pasar a visitar, en la calle Mariano Escobedo, casi esquina con la avenida Venustiano Carranza en el corazón de la capital. Ante este evento, que sin duda alteró la tranquilidad de las consultas de rutina, se desplegó de inmediato un magnífico operativo conjunto con fuerzas federales. Su misión: aparecer *después* de los hechos y mirar con seriedad el panorama.

La estrategia de comunicación: decir menos que un telegrama con sobrecargo

Según la sublime notificación oficial, ese documento lleno de detalles jugosos, el Ejército y las policías estatal y municipal “atienden la situación”. ¡Vaya frase! ¿Atienden cómo? ¿Con una curita? ¿Con un masaje relajante? Porque detalles, lo que se dice detalles, ni uno. Se especializan en el arte de decir mucho sin comunicar absolutamente nada, una habilidad burocrática digna de elogio.

Y he aquí lo más deliciosamente absurdo de la jugada: este tierno incidente en la clínica privada ocurre a tan solo 14 horas de otro evento social de similar calado. Porque en Culiacán, la violencia es como una serie en streaming: si te gustó el capítulo anterior, aquí tienes el siguiente inmediatamente.

El episodio previo, por si alguien lo olvidó en este frenesí de balaceras, tuvo lugar en el exterior del Hospital Civil de Culiacán. Allí, unos caballeros, seguramente malinterpretados y con una excesiva pasión por los fuegos artificiales (hombres armados con fusiles automáticos, les llaman los ingenuos), decidieron disparar contra personas que, se presume, tenían la poca delicadeza de estar en un lugar público. El saldo: tres fallecidos y cuatro heridos. Una estadística más para el archivo.

Uno se pregunta, con genuina curiosidad, si los manuales de urbanidad ahora incluyen capítulos sobre protocolo de balaceras. ¿Es apropiado llevar una ensalada a estos eventos? ¿Se envía tarjeta de condolencias o de felicitación? Porque la frecuencia sugiere que debemos desarrollar toda una etiqueta social alrededor.

La verdadera pregunta retórica es: ¿en qué momento aceptamos que los centros de salud, esos lugares diseñados para salvar vidas, se conviertan en escenarios regulares para terminar con ellas? El absurdo es tan monumental que casi duele más que una herida de bala. Casi.

Mientras tanto, las fuerzas del orden “atienden la situación”. Una frase que, traducida del burocrático al español, significa: “estamos ahí, observando cómo la realidad se desmorona, con chaleco antibalas y una libreta para anotar los puntos más dramáticos”.

El colmo de la ironía es que todo esto sucede en el “centro de la capital del estado”. No en un callejón oscuro, no en una carretera solitaria. No, señores. Es en el corazón de la ciudad, a plena luz del día (o de la noche, quién lleva ya la cuenta), como si se tratara de un espectáculo folclórico más. ¿Tour turístico por las zonas calientes? Próximamente en su agencia de viajes favorita.

Y así, entre comunicados escuetos y operativos que llegan a recoger las cápsulas vacías, la vida -y la muerte- siguen su curso en Culiacán. Porque cuando la violencia se instala en las salas de espera, queda claro que ningún lugar es seguro. O quizás, que todos los lugares son igualmente inseguros. ¿Quién necesita tranquilidad cuando puedes tener adrenalina a raudales?

¿El verdadero diagnóstico? Una sociedad que se medica con dosis diarias de horror, recetadas sin miramientos por quienes deberían ser los guardianes de la paz. Pero, hey, al menos el operativo era “conjunto”. Eso debe contar para algo, ¿no?

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Trump dice que seguirá en contacto con Machado

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó este viernes que planea mantener el contacto con la líder opositora venezolana, María Corina Machado.

Tras su encuentro del jueves en la Casa Blanca, Trump declaró que se trata de una mujer a la que “respeta mucho”. En esa reunión, Machado señaló que le transmitió al mandatario estadounidense que “hoy más del 90% de los venezolanos queremos lo mismo: vivir con libertad, dignidad y justicia”.

Los detalles del encuentro entre Trump y Machado

“Fue un gran honor para mí conocer a María Corina Machado, de Venezuela”, escribió Trump en una publicación en Truth Social. “María me presentó su Premio Nobel de la Paz por el trabajo que he realizado. Un gesto maravilloso de respeto mutuo”.

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Un triste hallazgo en la colonia que duerme entre calles con nombres festivos

El hallazgo de un cuerpo en la calle 23 de diciembre desató el protocolo habitual: cinta amarilla, curiosos y muchas preguntas sin respuesta.

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La muerte llama a la puerta en la calle 23 de diciembre

Ah, la colonia 15 de enero. Un lugar tan festivo que incluso sus calles llevan nombres de fechas célebres. Pero ayer, en la calle 23 de diciembre, el regalo anticipado fue bastante más macabro: el cuerpo sin vida de un hombre. Porque nada dice “espíritu navideño” como encontrar a alguien que ya no respira sobre un colchón en la vía pública.

Los vecinos, esos héroes anónimos del cotilleo barrial, fueron los primeros en notar que algo andaba mal. Su radar de chismes se activó cuando vieron que el individuo en situación de calle que usualmente dormía allí llevaba demasiado tiempo quieto. ¿Estará profundamente dormido o profundamente muerto?, debieron preguntarse. Ante la duda, y demostrando una eficacia envidiable, optaron por lo más sensato: marcar al 911. Más vale prevenir que lamentar, ¿no?

Vecinos del lugar refieren que el hoy occiso es un individuo en situación de calle que comúnmente dormía en esta calle, por lo que se les hizo extraño ver que no se movía.

Así comenzó el circo. Llegaron los paramédicos de la Cruz Roja, confirmaron lo obvio —que efectivamente, estaba muerto— y dieron parte a las autoridades. Porque ese es el protocolo: tú encuentras el cuerpo, nosotros constatamos que es un cuerpo, y luego llamamos a los que se encargarán del cuerpo. Una cadena de mando perfectamente aceitada para gestionar la tragedia.

El despliegue oficial ante lo inevitable

No podían faltar. Los elementos de la Guardia Estatal y la Fiscalía General arribaron al sitio con esa mezcla de solemnidad y rutina que caracteriza estos eventos. Su misión: acordonar el área con esa cinta amarilla que tanto nos fascina y realizar las “indagatorias pertinentes”. ¿Pertinentes para qué? Para determinar, supongo, que un hombre sin hogar fue encontrado muerto en la calle donde solía dormir. Un misterio digno de Sherlock Holmes.

La calle fue cerrada. El tráfico, desviado. Todo debe detenerse mientras se realiza el levantamiento del cadáver y la necropsia de ley. Porque la burocracia de la muerte es implacable: formularios, procedimientos, esperas. Se estima que el cierre durará “un par de horas”, aunque todos sabemos que ese “par” puede estirarse más que un chicle pegado en el pavimento.

Y mientras tanto, ¿qué sabemos? Poco. Que era un hombre. Que aparentemente tenía lesiones en su cuerpo. ¿De qué tipo? No se especifica. Podrían ser desde moretones hasta señales de algo más siniestro. El comunicado oficial es tan vago que da pie a toda clase de especulaciones innecesarias y morbosas. ¿Se cayó? ¿Lo empujaron? ¿Le dio un patatús después de una cena cuestionable recuperada de un contenedor? El silencio oficial es el mejor aliado de la imaginación popular.

Lo más irónico del asunto es el escenario: una colonia llamada 15 de enero, una calle llamada 23 de diciembre. La muerte no respeta calendarios ni nomenclaturas festivas. Se instala donde quiere, incluso entre calles cuyo nombre evoca regalos y propósitos de año nuevo.

Al final del día, queda una pregunta flotando en el aire cargado de indiferencia urbana: ¿cuántas personas deben morir en el anonimato antes de que su paseo sea algo más que una nota policial breve? Hoy fue un hombre sin nombre en la calle 23 de diciembre. Mañana podría ser cualquiera.

¿Esta nota te hizo reflexionar (o por lo menos arquear una ceja)? Compártela con ese amigo al que le gusta comentar las noticias con un tono igualmente cáustico. Y si te interesa estar al tanto del pulso real –y a menudo absurdo– de la ciudad, explora más contenido como este.

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Diplomacia vaticana: reunión clave mientras la visita papal flota en el aire

El embajador en El Vaticano se reúne con Segob mientras la invitación al papa sigue en el limbo. ¿Visita papal o eterna espera?

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La diplomacia mexicana con el Vaticano: mucho protocolo, poca confirmación y un papa en standby

Ahí va la cosa. Este martes, Alberto Barranco Chavarría, nuestro embajador ante la Santa Sede –sí, ese puesto existe y alguien lo tiene–, se sentó con Rosa Icela Rodríguez de Gobernación y Clara Luz Flores de Asuntos Religiosos. La agenda: revisar los asuntos bilaterales. O sea, la relación México-Vaticano, que suena a trama secundaria de una serie política pero aparentemente es importante.

“Siempre respetuosa y constructiva”, dijo Rodríguez sobre la reunión.

Traducción millennial: “Nos llevamos bien, no hubo drama, pero tampoco anunciamos nada espectacular”. Es el equivalente diplomático a poner “✨” en una historia de Instagram.

Pero hablemos de lo que todos queremos saber: ¿Y el papa? ¿Cuándo viene? Porque resulta que la presidenta Claudia Sheinbaum ya le extendió la invitación a León XIV –no confundir con los reyes franceses del pasado– durante una llamada por el Día de la Virgen de Guadalupe. Un movimiento clásico. El problema es que, desde entonces, la confirmación brilla por su ausencia.

El eterno ‘tal vez’ de la visita papal

La semana pasada, Barranco Chavarría estuvo por México para una reunión de embajadores y dejó caer esta perla:

“No hay todavía una respuesta”, dijo el embajador sobre la posible visita.

O sea, ni sí ni no, sino todo lo contrario. El Vaticano tiene a México en “visto”, como ese mensaje importante que nunca contestas. Sheinbaum misma comentó el 15 de diciembre que aún no había fecha. Así que seguimos en modo espera, con la incertidumbre como único plan confirmado.

El contexto importa: Una visita papal no es cualquier cosa. Requiere logística monumental, seguridad extrema y una agenda que equilibre lo espiritual con lo político. Además, León XIV lleva poco tiempo en el cargo –sí, es un nombre curioso para un papa moderno– y probablemente está priorizando otros frentes. Pero para México, especialmente con la devoción guadalupana, sería un evento de primer orden.

Mientras tanto, las reuniones como la de hoy sirven para mantener los canales abiertos. Para asegurar que, cuando (o si) llegue el del Vaticano, todo esté listo. Es diplomacia en su estado más puro: mucha preparación para un evento que puede o no ocurrir.

¿Qué sigue? Seguir esperando. La bola está en la cancha del Vaticano. Mientras tanto, México sigue haciendo su tarea: reuniones formales, declaraciones cuidadosas y ese optimismo cauteloso que caracteriza a las relaciones internacionales cuando hay mucho en juego pero pocas certezas.

¿Te intriga este baile diplomático? Comparte esta nota y hablemos de las relaciones internacionales más inesperadas.

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