El sueño neoyorquino de Renata se desvanece en un tie-break dramático
Pongámonos dramáticos por un segundo, porque la escena lo merecía: la cancha 5 del USTA Billie Jean King National Tennis Center, a más de cuatro mil kilómetros de la CDMX, se transformó en un pedacito de México. Gritos de «¡Vamos, Renata!», «¡México, México!» y hasta la clásica ola que nos sale en cualquier evento, incluso en una junta de vecinos aburrida. El ambiente era tan eléctrico que hasta parecía que vendían tacos al pastor en la salida. Pero al final, el guion no era el que esperábamos.
Diane Parry, la tenista francesa, vino con toda la actitud de protagonista de una serie francesa de Netflix —seria, estética y con un revés que duele— para apagar el sueño de Renata Zarazúa en el US Open. El marcador final: 6-2, 2-6 y 7-6. Sí, un tercer set definido por tie-break. Por si no lo sabían, el tie-break es básicamente el equivalente tenístico de un duelo de miradas con tu ex en el metro: intenso, incómodo y que siempre deja a alguien con el corazón partido.
Un partido de tres actos con final inesperado
Parry salió como si acabara de tomarse un espresso doble. Aunque Renata logró quebrarle el saque al inicio —momento en el que todos en México abrazamos a un desconocido—, la francesa respondió con una frialdad envidiable. Encadenó diez puntos seguidos, remontó y se llevó el primer set 6-2. Nos dejó helados, como cuando se cae el Wi-Fi en el clímax de una película.
Pero Renata no es de las que se rinden. La muchacha, que ha vuelto después de tres cirugías de rodilla —tres, como los tragos de un happy hour casual—, sacó a relucir su fibra competitiva. Con tres quiebres de saque mandó el segundo set 6-2, forzando un tercer capítulo. Aquí fue cuando todos pensamos: «ahorita sí, se armó el drama». Y vaya que se armó.
En el set definitivo, Parry, quien ocupa el puesto 107 del ranking mundial, ajustó su plan de juego. Jugó con más paciencia, como esperando a que Renata se confiara. La mexicana, por su parte, movió a la francesa de un lado a otro de la pista, provocando errores no forzados. Fue un juego mental, físico y emocional que se definió… sí, en el temido tie-break.
Y aunque Renata luchó cada punto como si su vida dependiera de ello —y la nuestra también, porque ya estábamos mentalmente dentro de la cancha—, Parry se impuso. Destruyó, con todo el dolor de nuestro corazón colectivo, el sueño de que Zarazúa avanzara por primera vez a la tercera ronda de un Grand Slam.
Ahora, la francesa se medirá contra la ucraniana Marta Kostyuk, vigesimoctava raqueta del mundo, con la moral por los cielos. Mientras tanto, por acá nos quedamos con el coraje momentáneo, el orgullo de ver a una tenista mexicana dar una batalla memorable y las ganas de seguirla en el siguiente torneo.
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