Un presidente, un aeropuerto y un subsecretario esperando
Parece que la agenda internacional de la presidenta Claudia Sheinbaum tiene más tráfico que el propio Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. En la última entrega de esta serie, titulada “Líderes Mundiales Hacen Fila en Palacio Nacional”, el protagonista es Tharman Shanmugaratnam, el presidente de Singapur. Lo recibió, con toda la pompa que permite un domingo por la noche, Roberto Velasco, quien temporalmente maneja los hilos de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE). ¿Dónde está el canciller titular, Juan Ramón de la Fuente</strong? En licencia, un detalle menor que no opaca el brillo de un recibimiento a las 19:30 horas, hora perfecta para cenar o para iniciar complejas maniobras de diplomacia bilateral.
La visita, nos cuentan con solemnidad, coincide con el 50 aniversario de que México y Singapur decidieran intercambiar embajadores en lugar de simples postales. Medio siglo. Cincuenta años. Suficiente tiempo para que cualquier relación pase de la luna de miel a “¿y tú qué me trajiste?”. Este lunes, la mandataria mexicana tendrá la amabilidad de organizar una ceremonia oficial de bienvenida en Palacio Nacional. Porque nada dice “feliz aniversario” como un acto protocolario en el Patio de Honor, seguido de un encuentro privado con los gabinetes. Uno se imagina la conversación: “¿Recuerdas aquella vez en el 74?” “No, para ser honesto, no”.
El contexto: ¿Otra reunión? ¿En serio?
El contexto de la visita, según los expertos en lo obvio, es una intensa agenda diplomática. Sheinbaum, en un esfuerzo por parecer la anfitriona más popular del bloque, recibe líderes internacionales como si repartiera dulces. En esta ocasión, el objetivo declarado es fortalecer los lazos. Por supuesto. Porque en diplomacia, uno nunca dice “venimos a ver si podemos sacar algún contrato jugoso” o “necesitamos un aliado en esa votación incómoda”. No, se habla de cooperación bilateral, de temas de interés común y de avanzar en acuerdos. Términos tan específicos que dan escalofríos de emoción.
La SRE, haciendo gala de un optimismo encomiable, ha enfatizado la “relevancia” de este tour. Más allá del pastel de aniversario, se espera que ambos mandatarios “consoliden la amistad y colaboración”. Una misión noble. Después de todo, en un mundo volátil, ¿qué es más sólido que una amistad sellada entre fotógrafos oficiales y discursos cuidadosamente revisados? Es una oportunidad histórica, o al menos, una nota histórica para los comunicados de prensa de ambas naciones.
Así que ahí están: un presidente viajero, una presidenta anfitriona, un montón de banderas y medio siglo de historia diplomática como excusa perfecta. El resultado final, como en toda buena relación, probablemente sea un vago compromiso de seguir hablando y unas cuantas fotos para el álbum de los 50 años de relaciones diplomáticas. Porque en el gran teatro de la política global, a veces el guión se escribe con anticipación, y el público (nosotros) solo podemos observar, con una sonrisa irónica, cómo se desarrolla la función.
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