Un encuentro de alto nivel en Palacio
Este martes, el salón presidencial fue escenario de una reunión que habla más de estrategia económica que de protocolo. La presidenta Claudia Sheinbaum recibió a dos pesos pesados del mundo financiero: Larry Fink, el cerebro detrás de BlackRock, y Adebayo Ogunlesi, director de Global Infrastructure Partners (GIP).
No fue una visita casual. La presencia de Sergio Méndez, director de BlackRock México, confirmó que se trataba de una jugada con objetivos muy claros.
“Recibimos a Larry Fink, presidente de BlackRock, y Adebayo Ogunlesi, director ejecutivo de Global Infrastructure Partners, para conversar sobre las próximas inversiones en nuestro país”, publicó Sheinbaum.
¿Qué buscan realmente los grandes capitales?
En la mesa se pusieron sobre la carta los temas que hacen brillar los ojos de cualquier inversionista serio. La fortaleza de la economía mexicana, ese imán que atrae capitales en tiempos turbulentos. El T-MEC, ese acuerdo que nos ata al gigante del norte y nos da una ventaja única. Y luego, el plato fuerte: infraestructura estratégica, energía y logística.
Aquí está el detalle que muchos pasan por alto: GIP ya es parte de BlackRock. Esta fusión creó un titán con un apetito voraz por activos físicos—carreteras, puertos, energía. México, con su ubicación privilegiada y la relocalización de cadenas productivas, está en el punto exacto de su mira.
Estas reuniones son como el primer acto de una obra teatral. Los discursos son públicos, pero las negociaciones reales ocurren entre bastidores. El mensaje es claro: México está abriendo sus puertas al capital más exigente del planeta. La pregunta que queda flotando en el aire es simple: ¿a qué condiciones?




