Pemex y su ‘speedrun’ ecológico: derrame, limpieza express y vuelta al trabajo
Parece que en Pemex tomaron el concepto de “limpieza express” demasiado literal. La empresa petrolera estatal mexicana, en un movimiento que nos recuerda a cuando intentas borrar el historial antes de que tus amigos revisen tu computadora, anunció este miércoles que ya reactivó las operaciones de un oleoducto en el sureste del país. Todo esto después de reparar los daños que, oh sorpresa, causaron un derrame de hidrocarburo que se paseó por ocho kilómetros del río Pantepec, en el estado de Veracruz. El escenario perfecto: lluvias torrenciales, un río que se convierte en una cinta transportadora de crudo y una empresa que actúa con la urgencia de una persona que llega al banco un minuto antes de que cierre.
La joya de la corona en este despropósito ecológico es que Petróleos Mexicanos (o Pemex, para los cuates) no se dignó a ofrecer una estimación del volumen total del derrame. Vamos, ni un aproximado. Pero sí nos dieron una pista con sabor a spoiler parcial: hasta el martes, habían recuperado más de 180,000 litros de hidrocarburo, que es el equivalente a más de 1,132 barriles. Para que se den una idea, es como si se hubieran volcado todos los cafés de por vida de una oficina llena de millennials con ansiedad, pero en versión apocalíptica y tóxica.
La energética, con una confianza que nos hace cuestionar nuestra propia autoestima, declaró que el ducto ubicado entre los municipios de Poza Rica e Ixhuatlán de Madero, al norte de Veracruz, ya “reanudó operaciones de manera segura, conforme a los protocolos de seguridad“. Porque, claramente, lo más seguro es reactivar un oleoducto que hace poco estaba regalando crudo como si fuera una fuente de chocolate en una fondue, pero de pesadilla.
El guion de un desastre anunciado (y con lluvia incluida)
¿Qué ocurrió exactamente? Bueno, la reactivación se acordó después de reparar los daños en la estructura. ¿Detalles? Cero. Como cuando preguntas “¿qué pasó?” después de un drama y solo te responden “nada”. El derrame de combustible coincidió estratégicamente con unas inundaciones severas provocadas por lluvias torrenciales que afectaron distintas regiones de Veracruz durante la segunda semana de octubre. Una combinación perfecta de desastre natural y falla operativa que suena a la trama de una película de catástrofes que nadie pidió.
El anuncio de que todo volvía a la “normalidad” llegó justo un día después de que Pemex confirmara –sí, after the fact– que los daños en la instalación habían provocado el derrame en el río Pantepec, a la altura del municipio de Álamo. Sobre este percance, la petrolera soltó el clásico comunicado corporativo del miércoles, diciendo que “mantiene intensas labores de limpieza, contención y remediación ambiental” en la zona. ¿Daños ambientales específicos? ¿Volumen exacto de crudo liberado al ecosistema? Esas son preguntas para adultos, y al parecer no estamos listos para esa conversación.
El operativo: cuando el río suena, Pemex lleva contenedores
El río Pantepec, que no pidió protagonismo en este drama, tiene unos 130 kilómetros de largo. Nace en las montañas del estado de Hidalgo y baja hacia la Llanura Costera de Veracruz para desembocar, cual tráiler final de temporada, en el Golfo de México frente al municipio de Tuxpan. Esta vía fluvial abastece de agua a muchas comunidades de la zona, que de repente se encontraron con que su fuente de vida tenía un topping de hidrocarburo no solicitado.
Para manejar el desaguisado, Pemex informó que en el área operan más de 80 unidades terrestres y fluviales. El kit de herramientas incluye una embarcación especializada en emergencias y cinco lanchas desplegadas para rastreo, contención y acceso seguro a áreas críticas. Además, están en acción 48 cordones oleofílicos (que atraen y absorben líquidos oleosos como si fueran imanes para el desastre), 13 barreras marinas y once retroexcavadoras. Básicamente, el equivalente ecológico a intentar secar el océano con una toalla de playa, pero con maquinaria pesada.
René Téllez, director de Protección Civil del municipio de Tuxpan, le contó a The Associated Press que autoridades ambientales, de Pemex y de la Secretaría de Marina están trabajando en el río para atender el derrame que se reportó el 16 de octubre y que, según la empresa, fue controlado tres días después. Porque en el mundo de Pemex, un fin de semana largo es suficiente para controlar un desastre ecológico de proporciones épicas. ¿Las secuelas? Esas parecen ser problema del río y de las comunidades que dependen de él.
¿Te indigna tanto como a nosotros esta historia de “solucionamos ya, explicamos nunca”? Comparte esta nota en tus redes sociales y hagamos que más personas conozcan el precio real de la “reactivación express”. Y si quieres seguir explorando más contenido sobre los despropósitos ambientales y energéticos de nuestro tiempo, no dejes de revisar nuestras otras publicaciones.




