Morena saca la lupa (y el bisturí) para operar el sistema electoral
Parece que en Morena tienen el ánimo renovador de quien hace limpieza de primavera, pero aplicado a la Constitución. Ricardo Monreal Ávila, el coordinador de la bancada en San Lázaro, soltó el chisme político de la semana: el partido en el poder analiza una reforma electoral que, básicamente, quiere darle un *makeover* completo a cómo se elige a la clase política. Y sí, la cosa va en serio: desde reducir los diputados plurinominales (esos que llegan por lista, sin ganar una elección directa) hasta repensar cómo se elige al Consejo General del INE. Suena a que quieren cambiar las reglas a mitad del partido, pero con la calma de quien toma un café.
En una entrevista que dio en el Palacio Legislativo, Monreal pintó un panorama donde el eje central es, digamos, “adelgazar” la representación proporcional en el Congreso de la Unión. Traducción: menos curules asignadas por cálculos matemáticos de votos y, en teoría, un ahorro en el presupuesto. Porque claro, también están revisando el dinerito público que se destina a las campañas y las prerrogativas de los partidos. Nada como una crisis económica para que a todos nos entren ganas de recortar gastos, incluso los electorales.
El INE y los partidos: ¿nuevas reglas del juego?
Pero la joya de la corona de esta posible reforma está en el órgano electoral. Monreal dejó caer que están sopesando dos opciones para integrar el Consejo General del INE: que los ciudadanos los elijan directamente (una suerte de *talent show* político) o un método de insaculación obligatoria (sacar nombres de una tómbola, pero con más formalidad). Cualquiera que sea la opción, el mensaje es claro: buscan una transformación integral del sistema electoral mexicano.
Y por si eso fuera poco, también están poniendo sobre la mesa la periodicidad para crear nuevos partidos políticos</strong. La duda es si mantener el ciclo de cada seis años o acortarlo a tres, lo que básicamente haría más dinámico (o caótico, depende de cómo lo veas) el panorama de fuerzas políticas. Además, quieren regular las consultas populares para que no choquen con las elecciones, porque aparentemente, el calendario político ya está tan saturado como nuestras notificaciones de redes sociales.
En resumen, lo que tenemos aquí es un borrador de cambios que toca fibras sensibles de la democracia representativa. Reducir la figura del diputado plurinominal, modificar la cúpula del Instituto Nacional Electoral y ajustar el ritmo de creación de partidos no son cambios cosméticos. Son una reingeniería del poder. Morena, con su mayoría en el Congreso, parece tener la llave para impulsar esta agenda, pero el debate promete ser tan intenso como los comentarios en un tweet polémico. La pregunta que flota en el aire es si esto fortalecerá la democracia o simplemente reacomodará las piezas a favor de quien hoy gobierna.
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