Una batalla más allá de la tumba
Romina Mircoli, la única hija de la cantante Dulce, está metida de lleno en un proceso formal. Su objetivo: recuperar las cenizas de su mamá. Y no, no es tan sencillo como ir a recogerlas.
Desde que Dulce falleció en diciembre del año pasado, sus restos han estado en el ojo del huracán. En su testamento dejó claro su deseo: que la depositaran junto a su madre en unos lotes que ella misma compró en Matamoros, Tamaulipas.
Pero esa voluntad se topó con la realidad. Y la realidad tiene forma de conflicto familiar.
Cenizas en medio del fuego cruzado
Resulta que las cenizas están en poder de familiares de Dulce. Hablamos específicamente de una tía y una prima, con quienes Romina –vamos a ser claros– no se lleva bien.
El abogado de Romina, Gerardo Rincón, lo explicó en el programa De Primera Mano:
“Hay un proceso. No es el momento, ya después haciéndolo pertinente y legal”.
El lío empezó cuando Romina les envió las cenizas. La familia receptora alegó que la urna llegó maltratada. Romina, por su parte, asegura que le negaron los papeles necesarios para usar los lotes y cumplir el último deseo de su madre.
Según Rincón, la comunicación es nula. No contestan llamadas. No hay diálogo.
Lo irónico –y triste– es que la solución podría ser simple. El abogado lo dijo:
“Bastaría con que entregaran las cenizas a una funeraria… Pero cuando la gente no quiere y busca conflictos, tenemos que enfrentarlos”.
Así que ahora toca pleito legal. El objetivo del proceso es claro: que un juez determine quién tiene derecho sobre esos restos y ordene que se le entreguen a su hija.
Mientras tanto, las cenizas de Dulce siguen esperando. Atrapadas en un limbo familiar, lejos del lugar donde ella quería descansar.




