Un retrato entre gigantes
Carlos Rivera acaba de cumplir uno de esos sueños que no se compran. El tipo ya no solo canta, ahora literalmente está en la pared. Su retrato se develó esta mañana en el emblemático Salón Tenampa, ese templo donde las paredes cuentan más historia que muchos libros de texto.
Ahí está, mirando fijamente desde el lienzo, rodeado de Pedro Infante, Juan Gabriel, Lucha Villa y el mismísimo Vicente Fernández. Un vecindario musical de lujo.
“Es hasta abrumador mirarme alrededor de todos estos grandísimos artistas que son leyendas. Tuve la oportunidad de cantar con muchos de ellos, como Juan Gabriel”, confesó el cantante, con esa emoción que se nota genuina.
El zarape y las flores
En la pintura lo vemos con un zarape blanco hecho por artesanos de Huamantla, su pueblo. Está adornado con flores de cempasúchil y motivos del Día de Muertos. No es solo un retrato, es una declaración de amor a sus raíces.
Y justo de eso va su nuevo proyecto. Aprovechó el momento para hablar de “Vida México”, su nuevo disco donde revive canciones tradicionales.
“Mi compromiso es que esas canciones sigan vivas a lo largo de las nuevas generaciones”, dijo.
Aquí viene lo bueno: le preguntaron sobre los corridos tumbados y géneros similares. La respuesta fue clara y directa: no comulga con ese tipo de letras. Prefiere mantener viva la esencia mexicana sin entrar en esos terrenos.
Así que ahí lo tienen. De académico a estrella internacional, y ahora a formar parte del panteón visual de la música mexicana. Un camino poco convencional que hoy tiene su momento cumbre entre leyendas.




