Una noticia que duele como un episodio final inesperado
Se nos fue James Van Der Beek. El actor falleció a los 48 años, rodeado de su familia, tras compartir en 2024 que enfrentaba un diagnóstico de cáncer colorrectal. Su imagen quedará congelada en el tiempo para millones: el galán adolescente de “Dawson’s Creek”, con esa mezcla de intensidad y vulnerabilidad que nos hizo creer que nuestros problemas de secundaria eran épicos.
Su carrera fue esa montaña rusa típica del negocio: de estrella juvenil instantánea a luchar por despegarse del personaje que lo hizo famoso. Protagonizó “Varsity Blues” y hasta fue agente del FBI en “CSI: Cyber”, pero Dawson Leery era una sombra larga. Con el tiempo, hizo lo más inteligente: abrazar la parodia con una sonrisa irónica.
“Gracias a cada una de las personas que están aquí”
Esas fueron sus palabras en septiembre, proyectado en un teatro de Nueva York durante un evento benéfico. Lin-Manuel Miranda lo sustituyó en el escenario. Era su última aparición pública importante, para una lectura del piloto de la serie que lo cambió todo.
El programa que nos enseñó a hablar (demasiado bien)
“Dawson’s Creek” no fue solo un programa. Fue el manual de operaciones emocionales para quienes crecimos a finales de los 90 y principios del 2000. Con el tema “I Don’t Want To Wait” de Paula Cole como banda sonora existencial, la serie convirtió diálogos hiperarticulados y conversaciones francas sobre intimidad en la nueva normalidad.
Lanzó carreras (Joshua Jackson, Katie Holmes, Michelle Williams) y rompió tabúes. ¿Una relación subidita entre un alumno y su profesora? ¿Escenas íntimas trepando por ventanas? Hoy series como “Euphoria” o “Sex Education” beben directamente de ese pozo.
Van Der Beek interpretaba a Dawson Leery, un chico de 15 (cuando él tenía 20) que soñaba con ser el próximo Spielberg. Era nuestro alter ego pretencioso y sincero. Con los años, el actor canalizó esa fama hacia el humor autorreferencial, apareciendo en sketches de Funny Or Die o incluso en el videoclip alocado de “Blow” de Kesha, batallando con pistolas láser contra unicornios.
Esta mañana, su Instagram se llenó de mensajes de fans despidiéndose con recuerdos y cariño. Lo último que compartió fue una foto con su esposa Kimberly y sus seis hijos. Se va el actor, pero queda el legado: ese espejo adolescente donde una generación aprendió a nombrar lo que sentía.




