Científicos identificaron la evidencia más temprana de peste conocida hasta ahora: restos de ADN bacteriano en dientes de cazadores-recolectores enterrados cerca del lago Baikal, en Siberia. La datación por carbono indica que la enfermedad provocó brotes hace aproximadamente 5.500 años, unos 200 años antes de lo que se creía.
Hallazgo en Siberia
Un equipo dirigido por el genetista Eske Willerslev, de la Universidad de Copenhague, analizó restos de cuatro cementerios. Encontraron rastros de Yersinia pestis en dientes de 18 individuos. La datación reveló dos episodios de infección.
“Para entender nuestra propia historia, comprender la historia de la peste es extremadamente importante”, afirmó Willerslev.
La peste prehistórica se propagó por etapas. Según los autores, probablemente se transmitió de marmotas —roedores nativos— cuando las personas consumían sus órganos crudos o manipulaban pieles infectadas. También pasó de persona a persona mediante tos o estornudos.
Muchos de los fallecidos eran niños de entre 8 y 11 años. Tres niñas fueron enterradas juntas; dos eran primas. En otra fosa común se hallaron a una tía y su sobrino. “Había personas que enterraron a los muertos y que sabían quiénes eran. Es un elemento muy humano”, comentó Ruairidh Macleod, coautor y experto en ADN antiguo de la Universidad de Oxford.
Implicaciones del estudio
Los investigadores señalan que los niños podían estar en mayor riesgo por sistemas inmunitarios aún en desarrollo. La presencia de múltiples víctimas sugiere que la peste prehistórica causaba tanto casos aislados como brotes, indicó la genetista Aida Andrades Valtueña, del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, ajena al estudio.
Esta cepa antigua evolucionó mucho antes que la peste bubónica responsable de la Peste Negra medieval. Sin embargo, hay evidencia de que las pestes anteriores eran igual de graves. La enfermedad no solo afectó ciudades populosas, sino también pequeños grupos nómadas.
“Entender los pasos que dio la bacteria para volverse el patógeno mortal que conocemos hoy puede aportar pistas sobre cómo podrían surgir patógenos en el futuro”, escribió Andrades Valtueña.
El estudio fue publicado el miércoles en la revista Nature.