Verstappen, el fantasma que vuelve a perseguir el campeonato
Parece que el guion de la temporada de la Fórmula 1 lo está escribiendo un director de cine con un serio problema de adicción a los giros inesperados. Resulta que, contra todo pronóstico y cuando todos habíamos dado por amortizado el campeonato, Max Verstappen ha decidido que no, que su reinado no se acaba sin pelea. Para mantener viva su opción de un quinto título mundial consecutivo, el piloto de Red Bull necesita seguir comiéndole la tostada a los chicos de oro de McLaren, Oscar Piastri y Lando Norris. Y adivinen qué: correr en la Ciudad de México, su patio trasero personal, podría ser el empujón definitivo.
Max empezó con el pie derecho (como suele hacer) en el Autódromo Hermanos Rodríguez, marcando el mejor crono en la segunda sesión de entrenamientos libres. Su tiempo de 1:17.392 segundos dejó atrás a Charles Leclerc (Ferrari) y a Kimi Antonelli (Mercedes). Mientras, en el equipo de Woking, Norris terminó cuarto y Piastri, en un día para olvidar, se hundió en la duodécima posición. Una metáfora perfecta de cómo le están yendo las cosas últimamente al australiano.
La estadística es simplemente obscena: Verstappen ha ganado cinco veces en México, incluyendo tres de las últ cuatro ediciones. Viene de arrasar en el GP de Estados Unidos y, en apenas cuatro citas, ha recortado un déficit de 104 puntos con Piastri a solo 40. Con Norris la distancia es de 26. Hace unas carreras, sus opciones de defender el cetro parecían una fantasía. Ahora, otra victoria podría colocarle de lleno en la pelea. Es el regreso del rey que nadie se esperaba, pero que todos temían.
Presión positiva y pistas que son como patinar sobre hielo
“Para ser honesto contigo, seguir en esta pelea es muy sorprendente”, admitió Verstappen con la sinceridad de quien no se cree su propia biografía. “Como dije antes, necesitamos ser perfectos. Pero para mí, es sólo una presión positiva”. Claro, Max, lo llamas “presión positiva”, el resto del paddock lo llama “pesadilla recurrente”.
El neerlandés ni siquiera apareció en la primera tanda de libres del viernes –su asiento lo ocupó el adolescente Arvid Lindblad–, pero eso a él le da igual. Conoce este circuito mejor que la palma de su mano: es, junto al Red Bull Ring, el único trazado donde ha firmado cinco victorias. El GP de México, con sus 71 vueltas y su loca altitud de 2,240 metros, es un monstruo único. El aire es tan fino que genera menos carga aerodinámica, poniendo a prueba la configuración de los monoplazas y la paciencia de los ingenieros.
“El circuito tiende a adaptarse a nuestro auto, la gran altitud siempre trae desafíos únicos”, comentó Verstappen. Aunque luego, en un momento de pura poesía radiofónica, se quejó de las condiciones de manejo con un: “Sí, es terrible. No tengo agarre. Es como conducir sobre hielo”. Así es Max: quejándose incluso cuando va primero. Un icono.
Mientras, en el campo rival, la cosa pinta más complicada. Piastri, que chocó en la carrera sprint en Austin y no gana desde hace cuatro Grandes Premios, intenta mantener la calma. “Creo que (Verstappen) ha sido muy consistente en los últimos fines de semana”, reconoció. “Pero no hay beneficio en preocuparse por eso, lo que me va a ayudar a ganar este campeonato es tratar de sacar lo mejor de mí mismo”. Bonitas palabras, pero a Verstappen le importan un comino los mantras motivacionales.
¿Apuesta segura? Todos miran a McLaren… con recelo
Aunque McLaren ya aseguró el campeonato de constructores, la pelea por el título de pilotos está que arde. Y, aunque algunos aún ven a Piastri y Norris como los grandes favoritos, la sombra de Verstappen es alargada. Charles Leclerc, siempre dispuesto a soltar la perla, lo resumió a la perfección: “Max siempre está al tanto de las cosas y siempre rinde extremadamente bien, pero todavía está 40 puntos detrás y 40 puntos son significativos. Así que, si tuviera que apostar un dólar, probablemente lo haría por los pilotos de McLaren. Pero sí, nunca puedes descartar a Max”. Traducción: todos están muertos de miedo.
Este fin de semana también marca un hijo agridulce: es la primera vez en una década que el Gran Premio de México se corre sin el ídolo local, Sergio “Checo” Pérez. Red Bull le dio la patada en diciembre pasado y muchos se preguntaban si el público mexicano se quedaría en casa. La respuesta ha sido un rotundo no. “Tenemos un lleno total”, declaró el director de carrera, Federico González Compeán. “Los aficionados mexicanos aman a ‘Checo’, nadie lo discutiría, pero también aman las carreras”. Y, para consuelo de la afición, Checo tendrá la oportunidad de volver a correr en su tierra el año que viene, después de firmar con Cadillac. El drama, como ven, nunca cesa en este circo de alta velocidad.
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