Bienvenidos al reality show fiscal donde tú eres el patrocinador forzoso
Agarren sus billeteras, amigos, porque México Evalúa, esa organización que nos da las malas noticias que ya sospechábamos, acaba de confirmar nuestro peor spoiler financiero: en 2026 el gobierno nos va a cobrar más impuestos y no es para mejorar los baches que destrozan tus llantas o para que los hospitales tengan medicamentos, oh no. Este dinero extra, en un giro argumental que nadie pidió, es para seguir manteniendo con respirador artificial a Petróleos Mexicanos (Pemex). Sí, la empresa que suena como el familiar problemático que siempre pide prestado y nunca devuelve.
En una conferencia de prensa que pudo haberse titulado “Cómo vaciar los bolsillos ciudadanos con estilo”, el coordinador de Gasto Público, Jorge Cano, soltó la bomba: el Paquete Económico 2026 básicamente significa que cada uno de nosotros, los contribuyentes con sueños y deudas, pagaremos en promedio más de dos mil pesos adicionales comparado con lo que pagamos en 2025. Para que se den una idea, eso es como renunciar a unos diez cafés de especialidad, tres suscripciones a streaming o la mitad de un concierto con sobreprecio. Prioridades, ¿no?
La ecuación mágica: tú pagas, Pemex gasta
Y aquí viene lo mejor (o lo peor, dependiendo de tu nivel de cinismo): de ese dinero que te descontarán, casi 1,960 pesos por persona serán destinados como ayudas fiscales para Pemex. Lo dijo durante la presentación del análisis Erario 2026. O sea, es como si hicieran una colecta forzosa en la oficina, pero en vez de comprar un regalo de cumpleaños para el compañero simpático, se lo dan al que siempre llega tarde y se come tu lunch.
El propio Cano lo describió con una elegancia técnica que en lenguaje millennial se traduce como: “Es un escenario indeseable: más carga para los ciudadanos, pero menos alivio para las finanzas públicas“. O sea, pagamos más y el país no se ve más bonito. ¿La razón de este despropósito? La miscelánea fiscal propuesta para el próximo año incluye un endurecimiento de la fiscalización (léase: el SAT te revisará hasta el último centavo de tu gasto en Uber Eats), la actualización de gravámenes y la aplicación de aranceles. Básicamente, te van a sacar hasta el último peso que lograste esconder.
Con esta estrategia maestra, esperan que la recaudación del próximo año alcance un máximo histórico del 15.1% del Producto Interno Bruto (PIB). Suena impresionante, hasta que te das cuenta de que es como jactarse de haber recolectado mucha agua en cubetas, pero solo para echarla en un barril sin fondo.
El experto puso el dedo en la llaga: mientras los ingresos tributarios crecen (gracias a nuestro sudor), Pemex hará algo nunca antes visto: dejará de aportar al erario. Es la primera vez que la relación se invierte y será el gobierno el que destinará más dinero para sostener a la petrolera. Pasamos de una relación de mutuo beneficio a una relación tóxica de dependencia total.
De caja chica a pozo sin fondo: la transformación de Pemex
Pongámoslo en números que duelen: en 2026, Pemex aportará a cada ciudadano la módica cantidad de 1,731 pesos, lo que representa un 57% menos que lo que aportaba en 2016. En cambio, los mexicanos le vamos a devolver a la empresa la no tan módica cantidad de 1,960 pesos para que pague sus deudas. Esto significa un 85% más que en 2025. La matemática es simple y cruel: en lugar de recibir recursos de Pemex, los ciudadanos tendremos que pagarle 230 pesos de nuestros impuestos a la petrolera para que siga operando. Es el equivalente a pagarle a tu jefe por el privilegio de tener un empleo.
Así, con una lucidez que duele, el análisis pondera que Pemex pasa de ser una fuente estratégica de ingresos públicos a convertirse en una carga estructural para las finanzas del país. O sea, pasó de ser la gallina de los huevos de oro a ser la mascota geriátrica que requiere visitas constantes y carísimas al veterinario.
Y aquí está el detalle que nos hará hervir la sangre a todos: los contribuyentes pagan más impuestos no para financiar salud, educación o seguridad, sino para sostener a una empresa que no logra generar utilidades ni reducir su deuda. Es como si en tu casa, en vez de pagar la luz o el agua, todos aportaran para mantener un yate que nunca usan y que siempre está en el taller.
Lo anterior, sentenció el especialista, limita el margen fiscal del gobierno y compromete la sostenibilidad de las finanzas públicas, al destinar recursos crecientes a una petrolera cuya rentabilidad permanece en entredicho. Es decir, estamos apostando nuestro futuro a un caballo que cojea desde hace décadas.
Por su parte, la directora de México Evalúa, Mariana Campos, dijo algo que todos intuimos: las finanzas públicas necesitan más espacio para aprovechar las oportunidades. Se requiere una Ley de Inversión Pública institucional para poder canalizar fondos a capital humano, especialmente ante la ausencia de un plan de infraestructura de mediano y largo plazo. Básicamente, pide que tengamos un GPS financiero en vez de andar manejando a ciegas por un camino lleno de baches.
Con una ley así se podrían evitar recortes al gasto público de manera coyuntural, resolver los déficits sociales en desarrollo económico y ayudaría a tener una economía más próspera. Suena a un sueño lejano, como esos de tener un departamento propio en la ciudad.
Para rematar el panorama, el coordinador del área de pobreza en la Ibero, Víctor Pérez, afirmó que en 40 años las transferencias de recursos para combatir la desigualdad fracasaron porque no se crearon entornos propicios para el crecimiento. Dijo, con la crudeza del que ya no tiene nada que perder, que no han servido los apoyos para reducir la pobreza. O sea, décadas de intentos y seguimos en las mismas, o peor.
Y como si faltara algo, el especialista Rodolfo de la Torre apuntó que el presupuesto 2026 va en sentido contrario a lo establecido por algunos premios Nobel, quienes plantean que es clave contar con instituciones democráticas para un crecimiento económico sostenible. Su acusación fue directa: no se fortalece el estado de derecho. En cristiano: estamos construyendo la casa por el techo y nos sorprende que se caiga.
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