El doble frente de la popularidad
Los números son contundentes. Claudia Sheinbaum no solo gobierna México, sino que domina el ranking de aprobación en América Latina con un 72.3% de respaldo ciudadano. La medición de CB Global Data para marzo del 2026 la coloca por encima de figuras como Nayib Bukele (71.8%) o Luis Abinader (58.7%).
Esta cifra no llega sola. Viene respaldada por una serie de reconocimientos internacionales que han puesto su nombre y gestión en el mapa global durante el último año.
En abril de 2025, la revista TIME la incluyó entre las 100 personas más influyentes del mundo. En septiembre recibió el Public Officials Award por sus políticas hídricas. Y en diciembre, The New York Times la integró en su lista de las 67 personas más elegantes.
Pero aquí está lo interesante: mientras la aprobación sube, su gobierno decide mover ficha en un terreno completamente distinto. Y es donde la política se convierte en algo tangible.
Una apuesta por las pantallas nacionales
El anuncio llegó casi como un guión cinematográfico: un paquete de medidas para fortalecer la industria del cine mexicano. No es un tema menor cuando hablamos de identidad cultural y economía naranja.
La propuesta tiene dos ejes claros. Primero, un estímulo fiscal del 30% en el ISR para producciones audiovisuales realizadas aquí, con una condición clave:
- Al menos el 70% del gasto debe quedarse en empresas o trabajadores mexicanos.
Segundo, y esto duele a las grandes distribuidoras: se plantea que el 10% de la cartelera en cines corresponda a producciones nacionales, programadas en horarios decentes. Es decir, no a las 2 de la tarde un martes.
“El reto principal sigue siendo la distribución”, reconocen desde el sector, que compite contra países con incentivos mucho más jugosos.
¿Qué busca realmente este movimiento? Más allá de los titulares, hay una jugada estratégica. Consolidar a México como destino competitivo para producciones internacionales mientras se asegura que nuestras propias historias encuentren público.
La popularidad se mide en encuestas, pero se construye con decisiones como esta. Sheinbaum apuesta a que apoyar al cine mexicano no es solo política cultural—es conectar con ese orgullo nacional que trasciende ideologías.
Mientras tanto, las cifras de aprobación siguen ahí, recordándole a toda la región quién lleva hoy la batuta en cuanto a respaldo ciudadano. El teatro político tiene muchos actos, y este parece cuidadosamente coreografiado.




