La jugada diplomática tras la presión de Texas
El escenario estaba listo para un nuevo capítulo de tensión. Un senador republicano de Texas, John Cornyn, exigió que la supuesta deuda de agua de México se discutiera en las negociaciones del T-MEC. Una movida que podía encender la mecha.
Pero Claudia Sheinbaum salió al quite en su conferencia matutina. Con los reflectores encima, dio una clase magistral de cómo manejar una crisis potencial. No negó el problema, pero lo contextualizó.
“Pues si hay acuerdo, a lo mejor no esté enterado el senador”, dijo con calma la presidenta. Y luego soltó el dato clave: “En los últimos 5 años México no pudo entregar la cantidad de agua, no porque no quisiera, sino porque fueron años de mucha sequía”.
Ahí está el corazón del asunto. No es mala voluntad, es cambio climático golpeando la región. La sequía extrema que hemos vivido no respeta fronteras ni tratados.
El plan B ya está en marcha
Sheinbaum reveló que ya hay un anexo firmado para reprogramar la entrega. El agua que no se pudo dar en el último ciclo se pagará en el siguiente periodo de cinco años. Pero con una condición fundamental: sin afectar el consumo humano ni al campo mexicano.
Es un equilibrio delicadísimo. Por un lado, cumplir con nuestro vecino. Por otro, proteger a nuestra gente. La presidenta mencionó que ya se dieron apoyos a agricultores de Coahuila afectados por la misma sequía.
Lo que queda por definir ahora son detalles logísticos menores.
“En este momento se está discutiendo si se entregan en una semana o se entregan las siguientes dos semanas”, explicó Sheinbaum. “Pero hay un acuerdo para la entrega de agua”.
Detrás de escena, trabaja un equipo especializado: el canciller, Roberto Velasco y la Comisión Internacional de Límites y Aguas (CILA). Sheinbaum también destacó su buena relación con los gobernadores fronterizos—Tamaulipas, Nuevo León, Chihuahua y Coahuila.
Al final, lo que parecía una bomba política se convirtió en un ejemplo de diplomacia pragmática. El Tratado de 1944 sigue vivo, adaptándose a realidades climáticas nuevas. Y México juega sus cartas sin perder soberanía ni dejar desprotegidos a sus ciudadanos.
El mensaje a Washington es claro: estamos cumpliendo, pero bajo nuestras condiciones y respetando nuestras prioridades.




