El pulso geopolítico del siglo, versión cocalera
Parece que la relación entre Colombia y Estados Unidos entró en modo toxic relationship, y el presidente Gustavo Petro acaba de subir el tuit de la discordia. Este lunes, el mandatario, con la elegancia de quien lanza un shadenfreude geopolítico, soltó por la red X que Estados Unidos no podrá seguir con su política antinarcóticos si no cuenta con Colombia. Básicamente, el “it’s not me, it’s you” de las relaciones internacionales. La declaración llega en medio de una tensión que haría palidecer a cualquier temporada de reality show, con sanciones personales incluidas para Petro y su familia por acusaciones de, lo adivinaron, tráfico de drogas.
En un hilo que mezcla dignidad herida y advertencia geopolítica, Petro sentenció: “No se puede concretar una política antidrogas eficaz sin contar con nosotros. O se nos escucha o caen en la ineficacia absoluta”. Traducción: sin Colombia en la mesa, la guerra contra las drogas de EEUU tiene tantas posibilidades de éxito como un filtro de TikTok arreglando la economía.
El elenco de este drama bilateral
Pero nuestro protagonista no está solo en este berenjenal. El ministro del Interior, Armando Benedetti, quien también recibió su merecido (o inmerecido, según a quién le preguntes) en el paquete de sanciones, salió al quite en una entrevista con Blu Radio. Benedetti, que debe sentirse como si lo hubieran echado del grupo de WhatsApp financiero global, negó cualquier vinculación con el narcotráfico y aseguró que todo es una represalia política por defender al presidente. Su declaración más memorable: se siente “golpeado” por las restricciones. Un mood comprensible cuando el Departamento del Tesoro estadounidense te pone en su lista negra.
Mientras tanto, al norte de la frontera, el gobierno estadounidense no se muerde la lengua. Critican abiertamente los resultados de la estrategia de seguridad de Petro, que básicamente cambió el “glock y fumigación” por el “diálogo con las comunidades” que cultivan la hoja de coca. Sí, esa plantita inocente que luego se transforma en el polvito blanco que financia medio conflicto armado en la región. La administración actual colombiana prefiere la persuasión sobre la persecución, un enfoque que a Washington le suena a reggaetón sin autotune: interesante en teoría, pero cuestionable en la práctica.
Las medidas no se quedan en palabras bonitas. Además de las sanciones personales, Estados Unidos descertificó a Colombia en el cumplimiento del control de estupefacientes por primera vez en tres décadas. Básicamente, le quitaron la etiqueta de “verified” en el perfil de la lucha antidrogas. El reclamo principal: los cultivos de coca están en niveles récord, con 253.000 hectáreas contabilizadas en 2023 por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito. Aunque, para ser justos, el gobierno colombiano contraataca con su propio récord: la incautación de 884 toneladas de cocaína en 2024. Algo es algo.
Y llegó Don Trump a la fiesta
Para hacer la telenovela más interesante, entra en escena el expresidente Donald Trump, quien parece decidido a protagonizar su propio spin-off de la política exterior estadounidense. Petro, con una calma que envidiaría cualquier gurú del mindfulness, declaró: “Me siento tranquilo, Trump ha decidido criminalizar, como extranjero, una política pública interna de Colombia. Nosotros decimos no al improperio”. O sea, el “no me arruguen, gallinas” de la diplomacia.
Pero aquí viene el plot twist: lejos de hundirlo, Petro interpreta que todo este escándalo le ha dado un espaldarazo político. Tras una votación de la coalición de izquierda donde casi tres millones de personas participaron en las primarias presidenciales, el mandatario colombiano sintió el amor (y probablemente unos cuantos memes de apoyo). “Casi tres millones de personas salieron ayer de sus casas a las urnas a expresarme su amor y solidaridad ante la arbitrariedad”, tuiteó, añadiendo la joya de la corona: “Trump en vez de aislarnos del poder nos acercó a él“. El rebote perfecto en la era de las noticias virales.
El intercambio de piropos entre Petro y Trump ya es material de antología: mientras el colombiano critica el despliegue militar en el Caribe y tilda los ataques letales de “asesinatos”, el estadounidense responde llamando a Petro “capo de las drogas” y suspendiendo la ayuda financiera a Colombia. Alguien que por favor les organice un debate en un podcast, porque esta rivalidad tiene más engagement que la mayoría de influencers.
¿El resultado? Una crisis diplomática con sabor a culebrón de las 9, donde las acusaciones vuelan más que los aviones de la DEA, las sanciones económicas son el nuevo bloqueo en redes y la geopolítica se decide entre tuits y declaraciones para la galería. La pregunta del millón: ¿quién blink first?
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