Una Navidad literaria (y muy partidista) llega al Senado
Imagínense la escena: un camión estacionado, no con juguetes para una noble causa, sino con 17,420 ejemplares del último *best-seller* político. Así, con la sutileza de un meme virul, llegaron al recinto de Reforma e Insurgentes miles de copias de “Grandeza”, la obra del expresidente Andrés Manuel López Obrador. El Santa Claus en esta peculiar entrega navideña fue nada más y nada menos que Adán Augusto López, el coordinador de Morena en la Cámara alta. Porque, ¿qué mejor regalo para un senador que 260 libros idénticos para repartir? Claramente, carbón para la chimenea está muy pasado de moda.
La logística fue digna de un centro de distribución de Amazon en Buen Fin. Trabajadores con “diablitos” (los carritos, no seres mitológicos) descargaron cajas y más cajas selladas por la Editorial Planeta. Cada uno de los 67 legisladores morenistas recibió un lote de 13 cajas, cada una con 20 libros. La tarjeta de presentación, por supuesto, no podía faltar: “Con los atentos saludos de Adán Augusto López Hernández, senador de la República“. Un detalle *tan* personal y único que seguramente derritió corazones en cada oficina.
¿Y ahora qué hacemos con 260 libros?
La pregunta del millón, o más bien de las 17,420 copias. Una senadora, que prefirió el anonimato (vaya, qué sorpresa), reveló el plan maestro: los volúmenes son para “obsequiarlos entre la gente“. Así es, el regalo navideño oficial de la bancada morenista para la población será… un tratado político. Mientras algunos sueñan con una cena caliente o un aguinaldo extra, otros podrían recibir un ejemplar de la visión histórica del tabasqueño. Es el *spin-off* de la canasta básica: la canasta ideológica.
La operación transforma el Senado temporalmente en una gigantesca sala de ventas o, siendo menos generosos, en un almacén de propaganda. La estrategia de distribución masiva de este material bibliográfico plantea un interesante debate sobre el uso de los espacios y recursos legislativos. Más allá de la anécdota, este episodio refleja la intensa batalla de narrativas y la búsqueda de permanencia en el discurso público que caracteriza a la política contemporánea. Regalar libros no es nuevo, pero hacerlo a esta escala y desde una posición de poder institucional le da un *twist* particular al asunto.
Al final, el episodio deja un sabor agridulce. Por un lado, fomentar la lectura siempre es loable. Por otro, la línea entre la promoción cultural y la difusión partidista parece más delgada que una hoja del propio libro. Mientras los ejemplares de “Grandeza” encuentren su camino a las manos de la ciudadanía, queda la imagen de un camión descargando ideas empaquetadas, listas para ser distribuidas como el espíritu de la temporada. Un recordatorio de que en la política, hasta los gestos de generosidad vienen con una etiqueta de remitente bien visible.
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