El Gobernador y el Arte de Subestimar la Inteligencia Ajena
En un giro argumental que ni el más creativo guionista de telenovelas se habría atrevido a plantear, el gobernador de Coahuila, Manolo Jiménez Salinas, se vio en la necesidad de explicarle al mundo, o más bien a la dirigencia nacional de la CATEM, que convertir denuncias de presuntas extorsiones en un debate político es, usando sus palabras exactas, una “irresponsabilidad“. Vaya descubrimiento. Es como decir que usar un paraguas bajo la lluvia es una idea razonable.
Parece ser que para los altos mandos de la Confederación Autónoma de Trabajadores y Empleados de México, el hecho de que organizaciones empresariales lleven meses denunciando ser víctimas de cobros de cuota por parte de presuntos miembros de su organización es, en realidad, una simple anécdota partidista. ¿El argumento maestro? Pedro Haces, diputado y dirigente del grupo, sugirió con una seriedad envidiable que todo esto se debe al… crecimiento de la confederación en estados priistas. Porque, claro, el crecimiento sindical se mide tradicionalmente en unidades de denuncias por extorsión. ¿O no?
La Realidad, ese Incómodo Detalle que Siempre se Interpone
Con una paciencia que merece un monumento, el mandatario coahuilense sugirió, con una ironía deliciosamente velada, que quizás, solo quizás, la dirigencia nacional debería “conocer el fondo de las cosas” antes de hablar. Una idea revolucionaria, sin duda. “Si vinieran y escucharan… se darían cuenta que quienes denunciaron tienen toda la razón”, comentó Jiménez, en lo que probablemente sea el eufemismo del año. Imaginamos la escena: líderes sindicales viajando al territorio para, no sé, tal vez escuchar de viva voz los problemas. Qué concepto tan radical.
El gobernador, en un alarde de obviedad digna de mención, aclaró que su gobierno coahuilense no tiene una “postura político-partidista”, sino una “postura para seguir blindando Coahuila“. Porque en estos momentos complicados, hay que tener acciones y plantarse firmemente. Menos mal que lo aclaró, porque con la fina línea que separa la seguridad de la politiquería, uno nunca sabe.
Y he aquí la joya de la corona: la diferencia operativa entre la CATEM de La Laguna de Durango y la de Coahuila. “Son dos liderazgos diferentes y un modo de operación diferente”, declaró Jiménez Salinas, insinuando que en su territorio no se permite el “modo de operación” denunciado. Es reconfortante saber que los métodos de presuntas extorsiones tienen matices regionales. ¿Será que en Durango son más directos y en Coahuila más sutiles? ¿O quizás tienen tarifas diferentes? El mundo necesita saber.
Mientras tanto, las organizaciones empresariales en La Laguna de Durango siguen contando cómo les va. Relatan que la CATEM se dedica alegremente a controlar la comercialización de productos como la pollinaza y el ganado, imponiendo cuotas y precios, además de gestionar el control en módulos de riego y aplicar sus cobros de cuota a transportistas. Un modelo de negocio tan diversificado que haría llorar de emoción a cualquier consultor de empresas. Todo ello, por supuesto, con el noble objetivo de enfrentar a quien le quiere hacer daño al Estado. O de dañarlo ellos mismos de manera proactiva, la línea es borrosa.
En definitiva, el gobernador Jiménez nos ha regalado una masterclass en cómo desmontar con elegancia y un sarcasmo finamente dosificado un argumento que se sostiene sobre la nada. Porque, al final, ¿qué es más fácil? ¿Reconocer que hay un problema de presuntas extorsiones o culpar al crecimiento sindical y al fantasma del PRI? La respuesta, queridos lectores, es tan obvia que duele.
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