‘La comicidad me salvó hasta del suicidio’: Lucila Mariscal a sus 83
Hubo una época en que Lucila Mariscal, convertida en su icónico personaje ‘Lencha’, hacía reír a medio México y a comunidades enteras al otro lado de la frontera. Ese humor directo, inspirado en su madre y en mujeres del norte y occidente del país, la llevó a escenarios importantes. Todo esto, respaldado por una formación sólida en el Instituto Nacional de Bellas Artes.
Hoy, a sus 83 años, el escenario es otro: una habitación en La Casa del Actor. Lleva tres meses aquí, tras dos caídas que le hicieron ver que ya no podía vivir sola. Lejos de lamentarse, la actriz busca ser ejemplo.
“No me dan trabajo los empresarios porque piensan que no puedo, pero no saben todo lo que puedo. Estoy sana porque nunca he tomado, fumado ni consumido sustancias, ni me he prostituido; eso lo pueden investigar”, dice entre bromista y seria.
Lencha: un legado de risas
Para Lucila, Lencha es motivo de eterno agradecimiento. “Fue un personaje que me dio muchos reconocimientos. Al ser humano le hace falta reír… y la risa es una fortuna”, reflexiona.
¿Eclipsó Lencha al resto de su carrera? Ella lo niega con datos: ha hecho más de 40 personajes. Tragedia, comedia, drama… todo. “Lencha es muy cercana, me inspiré mucho en mi mamá, que era de rancho”.
El humor ha sido mucho más que una profesión; ha sido un salvavidas.
“Mucho. La comicidad me salvó hasta del suicidio, porque varias veces intenté quitarme la vida, y con la comedia se regenera uno por dentro. Eso es lo que hace la risa… Ha sido mi terapia.”
Vida en La Casa del Actor: paz y seguridad
Su llegada a este lugar fue una decisión por seguridad. “Para las personas adultas mayores hay una inseguridad muy grande si viven solas”. Visitó el lugar renovado —con elevadores nuevos— y decidió quedarse.
Desmiente rotundamente los rumores de que su representante la ‘dejó’ allí. “¿En qué cabeza cabe eso?”, exclama. “A la gente se le funde el fusible y dice cosas que no son”.
Ahora disfruta de un derecho ganado: estar tranquila y sin costo alguno.
Sobre su familia —cuyos miembros principales ya fallecieron— mantiene contacto principalmente con su nuera (a quien considera hija) y sus nietos. La distancia es más geográfica que afectiva. “Todo está bien”, concluye.
A sus 83 años, Lucila Mariscal demuestra que el verdadero humor no tiene fecha de caducidad.




