El héroe de los Dodgers cambia el diamante por el quirófano
Parece que el destino, con su peculiar sentido del humor, ha decidido que Kiké Hernández tenga un invierno más tranquilo de lo esperado. El atleta, recién coronado campeón de la Serie Mundial, anunció con toda la naturalidad del mundo que se ha sometido a una cirugía en el codo izquierdo. Por supuesto, esta no es una lesión de última hora; oh, no. Nuestro protagonista decidió que era una fantástica idea arrastrar este inconveniente durante gran parte de la temporada, como si un dolor persistente fuera un accesorio de moda indispensable para un jugador de béisbol de élite.
La consecuencia más inmediata de esta decisión, aparte de probablemente preguntarse “¿y por qué no lo hice antes?”, es que se perderá el Clásico Mundial de béisbol del próximo año. Allí estaba su amada Puerto Rico, esperando con los brazos abiertos a su versátil ídolo, y él les responde con una nota de Instagram y un codo vendado. Una verdadera lástima, o quizá una estrategia maestro para evitar la presión internacional. Quién sabe.
Un agente libre con un brazo en el taller
En un giro que nadie vio venir (o quizá sí), Hernández es actualmente agente libre. Qué momento tan perfectamente calculado para anunciar que uno llega al mercado con una pieza fundamental en el taller de reparaciones. No proporcionó un cronograma para su regreso, lo cual es comprensible. ¿Para qué complicarse con fechas y plazos cuando se puede mantener el suspenso y dejar a los posibles equipos interesados en un delicioso estado de incertidumbre?
En su relato digital, el jugador confesó que había estado compitiendo con molestias durante aproximadamente un mes con los Dodgers de Los Ángeles. Finalmente, el 7 de julio, su codo dijo “basta” y fue enviado a la lista de lesionados por inflamación. Regresó el 26 de agosto, pero su participación se vio mermada, disputando solo 93 encuentros de la temporada regular. Porque, claramente, lo que cualquier equipo necesita es un jugador que se guarda en el armario más de la mitad de la campaña.
Y aquí viene lo más irónico del asunto: a pesar de este inconveniente físico, o quizá gracias a la rabia contenida, se convirtió en una pieza clave en la postemporada. Conectó 16 hits cruciales para ayudar a que los Dodgers consiguieran su segundo título de la Serie Mundial. Este fue el tercer cetro del Clásico de Otoño que Hernández alzó con el club. Una hazaña magnífica que demuestra que, a veces, el talento puede más que un codo que parece a punto de declarar su independencia.
Eso sí, no todo fue champagne y celebraciones. Durante la fase regular, su promedio de bateo fue de .203, con diez cuadrangulares y 35 carreras impulsadas. Unas estadísticas que, seamos sinceros, no son exactamente para enmarcar, a menos que el marco esté en una clínica de fisioterapia como ejemplo de “superación contra viento y marea (y tejido inflamado)”.
Ahora, el futuro de este versátil infielder y jardinero es un enigma. ¿Qué equipo querrá fichar a un campeón reciente que viene con una pieza de repuesto nueva? Sin duda, una fascinante trama que se desarrollará en los próximos meses.
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