Operativo en la cuna del narco: explosivos, fusiles y detenidos
Otro día, otra incursión en el territorio histórico del crimen organizado. Esta vez fue en Badiraguato y Navolato, municipios de Sinaloa que suenan más a capítulos de una crónica negra que a puntos geográficos. Las fuerzas federales y estatales anunciaron la detención de tres hombres y la inhabilitación de un arsenal.
Lo que encontraron no eran solo pistolitas. Hablamos de 33 artefactos explosivos. Treinta y tres. Dos de ellos con un sistema de encendido por contacto TH y mecha lenta, según el boletín oficial. Los otros 31 eran “improvisados”, localizados en la zona serrana de La Tuna, Badiraguato.
Una célula militar experta tuvo que intervenir para desactivar todo ese poderío destructivo en una zona abierta. El comunicado, siempre cuidadoso, menciona que se hizo “bajo seguridad para evitar posibles accidentes”. Uno lee eso y piensa: ¿”posibles accidentes” o una explosión que hubiera cambiado el mapa de la sierra?
Mientras eso ocurría en Badiraguato, en Navolato la historia tenía otro capítulo. El Grupo de Operaciones Especiales del Estado respondió a una denuncia anónima por disparos en el poblado El Limoncito. En los recorridos, se toparon con un hombre “en actitud sospechosa” en la carretera hacia Los Reyes.
Al ver a los elementos, el sujeto huyó. Fue alcanzado. Y en la revisión apareció un revólver calibre 38 especial con siete cartuchos útiles. Camino directo al Ministerio Público Federal.
Pero el botín no terminaba ahí. En Villa Juárez, Navolato, la SSPC federal detuvo a otros dos hombres. Su equipaje: dos fusiles automáticos, uno de ellos un AK-47. También llevaban cargadores abastecidos, una cinta eslabonada con 50 cartuchos calibre .50, un chaleco táctico, puntas de acero para dañar neumáticos y una motocicleta.
Las autoridades castrenses, como suele pasar tras estos operativos, exhortaron a la población a denunciar anónimamente cualquier ilícito. La fórmula se repite: hallazgo, desactivación, detención y llamado a la colaboración ciudadana. La pregunta que queda flotando, como el humo después de una explosión controlada, es cuánto durará la calma esta vez en estos caminos.




