Hacienda se lava las manos: “Nosotros no endeudamos a Pemex”
En una jornada que tuvo más drama que un capítulo de La Casa de las Flores, el titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), Edgar Abraham Amador Zamora, compareció ante la Cámara de Diputados. Su misión: enfrentar a una oposición que llegó con pancartas listas para el hashtag del escándalo. El ambiente estaba tan cargado que solo faltaban los popcorn. ¿El tema central? Nada más y nada menos que el agujero negro financiero favorito de todos: Petróleos Mexicanos (Pemex).
Ante los reclamos de los legisladores, que con cartelones en mano coreaban mentalmente “no más deuda, no más impuestos”, la respuesta del secretario fue tan clara como un meme de El Perro Bermudas: “No fuimos nosotros“. Así, en plan adolescente negando haber roto el jarrón de la abuela, Amador Zamora exoneró por completo al gobierno de la Cuarta Transformación (4T) de cualquier responsabilidad en el monumental endeudamiento de la paraestatal. Un “yo no fue” que resonó en el recinto y seguramente en todas las timelines de Twitter.
La economía está bien, dicen ellos (mientras nosotros revisamos el precio de la gasolina)
Pero la joya de la corona, el momento que todos estábamos esperando, fue la declaración sobre los impuestos. Con una tranquilidad que bien podría venderse en un spa, el funcionario sentenció: “No vamos a subir impuestos, no les vamos a dar gusto mientras hay factureras allá afuera“. Básicamente, el mensaje fue: “Antes de pedirnos más dinero a nosotros, los ciudadanos de a pie, vayan a atrapar a los verdaderos villanos de esta película: las empresas que juegan al engaño fiscal con facturas falsas“. Un guiño de complicidad con la ciudadanía que, hay que admitirlo, suena bien… en el papel.
Y luego llegó el gaslighting económico. Mientras los diputados de oposición pintaban un panorama apocalíptico, el secretario Amador Zamora, con la calma de quien acaba de hacer yoga, aseguró: “Estamos contentos con la dinámica económica actual“. Para respaldar su punto, sacó a relucir a los influencers de las finanzas globales: el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la OCDE, quienes aparentemente le dieron like al desempeño de México. “No hay que perdernos, solemos confundirnos con los indicadores; los indicadores son muy claros y contundentes”, dijo, en lo que pareció un intento de tranquilizar a una población que ve el precio del huevo subir más que el valor de su cartera de inversiones.
La parte más surrealista vino cuando se tocó el tema de la deuda de Pemex. Ilustró que el pasivo de la empresa petrolera se disparó un 130%, pasando de 43 mil millones de dólares a la estratosférica cifra de 105 mil millones de dólares. Pero, oh sorpresa, según su narrativa, este gobierno no solo no es el culpable, sino que es el héroe que está “desendeudando a Pemex y mejorando su calificación crediticia“. Es como llegar a una fiesta cuando ya está todo destruido, apagar una lamparita y decir que arreglaste toda la casa. Eso sí, cuando le pidieron nombres de los responsables del desmadre financiero, el secretario optó por el silencio más elocuente. Nada de señalamientos, solo la promesa de que el balance público va por buen camino.
Al final, el mensaje fue de “tranquilidad“, una palabra que suena a meme cuando la realidad es que Pemex sigue siendo la empresa que más quebranta los nervios de los analistas. La comparecencia dejó más preguntas que respuestas, pero al menos nos dio material para unos buenos debates en redes sociales. ¿Es esta la narrativa del “sí se pudo” o simplemente un masterclass en relaciones públicas? El tiempo, y el próximo informe trimestral, lo dirán.
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