El espectáculo debe continuar, con o sin su héroe local
Parece que la noticia del año en el automovilismo mexicano es que Sergio “Checo” Pérez, nuestro querido ídolo que patina fuera del podio, regresará a la Fórmula 1 en 2026. Pero no con cualquier escudería, ¡oh no!, sino con el coloso americano, Cadillac. Esta revelación, como era de esperar, ha dejado fascinado a Federico González, el Director General del Gran Premio de México. ¿Fascinado? Vaya, qué adjetivo tan modesto. Seguro que también estaba “moderadamente entusiasmado” cuando se dio cuenta de que el evento de este año se vendería casi por completo a pesar de la ausencia total de su principal atracción local.
González, en un arrebato de poesía corporativa, declaró: “Encantado, encantado de tener otra vez a este mexicano en México, de que regrese otra vez la checomanía, pero ahora en Cadillacmanía”. Cadillacmanía. Una palabra que nadie sabía que necesitaba hasta ahora, y que probablemente nadie volverá a usar. No se conforma con el simple entusiasmo; él ve más allá: no solo es bueno para el evento y para vender entradas, sino que “ayuda para la imagen de México en el mundo”. Porque claramente, lo que la reputación global de una nación necesitaba era que un piloto se subiera a un coche de lujo americano. Tomen nota, cancillerías del mundo.
El milagro de la taquilla: casi todo vendido sin el protagonista
Y he aquí el verdadero milagro moderno, el que debería estudiar la Iglesia: el Gran Premio de México de este año está prácticamente vendido por completo. Sí, han leído bien. El evento que durante años ha montado parte de su marketing en la figura de Checo Pérez… se ha vendido sin Checo Pérez. González, con la modestia de un ganador de lotería, confesó: “Este año es en el que no lo hemos tenido, pero estamos sold out. Sí tenemos un par de boletos disponibles, pero estamos absolutamente vendidos”. Un par de boletos. Seguro esos asientos tienen una vista privilegiada… del estacionamiento o de la parte trasera de un camión de neumáticos.
Ante la pregunta obvia de si la falta de su piloto estrella enfrió el interés del público, el director admitió, con la delicadeza de un cirujano, que sintieron “un poco la baja, pero no fue algo que nos regresó”. Una frase maravillosamente vaga que podría traducirse como: “Sí, algunos fans se enojaron, pero no lo suficiente como para arruinar nuestras vacaciones en Maui”. Él, con una fe inquebrantable en el producto, argumenta que cargarle a ‘Checo’ la responsabilidad de este proyecto sería demasiado. ¡Vaya! Qué revelación tan oportuna. ¿Acaso alguien le estaba cargando toda la responsabilidad? ¿O quizás, solo quizás, era el imán publicitario más grande con el que contaban?
Mientras Checo se pierde la fiesta del décimo aniversario de la F1 en México (una celebración que, irónicamente, ocurre en su ausencia), los aficionados tendrán que conformarse con la emoción de ver… bueno, ver carreras de coches. El próximo año, prometen, el tapatío estará ahí, junto a Valtteri Bottas y su nuevo equipo. Hasta entonces, el espectáculo debe continuar, demostrando que a veces, el evento es más grande que cualquier piloto. O eso es lo que necesitan que creamos.
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