Un SOS con alas: el dramático llamado por una viajera incansable
Parece que la épica travesía de la mariposa monarca, ese insecto que hace más kilómetros que un turista low cost en rebajas, está en aprietos. En una escena que mezcla la diplomacia internacional con un desesperado grito al cielo, el gobernador de Michoacán, Alfredo Ramírez Bedolla, y la secretaria de Medio Ambiente, Alicia Bárcena Ibarra, han alzado la voz para pedir a los gobiernos de Canadá y Estados Unidos que, por favor, dejen de envenenar el buffet libre de nuestras queridas viajeras alares. Porque, claro, ¿qué sería de México sin su espectáculo natural anual favorito, gratis y con mejor guion que la mayoría de las series de streaming?
La titular de la Semarnat soltó la perla informativa: “Nos preocupa saber que en Canadá y en Estados Unidos se están usando muchos plaguicidas que están impidiendo la llegada masiva de la mariposa monarca”. Vaya, vaya. Resulta que nuestros vecinos del norte, mientras se preocupan por sus céspedes perfectos y sus cultivos impolutos, están liquidando sin querer (o queriendo, quién sabe) la planta de algodoncillo, el único menú aceptable en el restaurante de las monarca. Así es, la migración de 4,000 kilómetros, una hazaña que deja sin aliento a cualquier atleta olímpico, se topa con el muro invisible de la química agrícola. ¡Ironías de la vida moderna!
La conservación es fundamental, o eso dicen mientras piden ayuda
En la inauguración oficial de los santuarios en la Sierra Chincua, el gobernador Ramírez Bedolla, con la solemnidad de quien anuncia que se le ha estropeado el coche justo antes de un viaje largo, declaró que “la conservación es fundamental”. Toda una revelación. Acto seguido, pasó la pelota al campo contrario con una elegancia envidiable: “No todo depende de nosotros, mucho depende de ellos”. Traducción: “Nosotros estamos protegiendo los bosques, pero si ustedes allá arriba exterminan su comida, esto se convierte en un viaje solo de ida hacia la extinción“. Es como si te esforzaras en tener la casa impoluta para recibir invitados, pero resulta que los invitados se han intoxicado por el camino con la comida para llevar. Un despropósito.
El mandatario estatal, recordando con nostalgia que hace dos años ya sonaron las alarmas, aseguró que en Michoacán “están haciendo su parte”. Bravo. Conservan el bosque, las comunidades y los ejidos. Muy loable. Pero uno no puede evitar preguntarse si, en el gran esquema de las cosas, esto equivale a poner una venda en una herida mientras el paciente se desangra por otra parte. La lógica es simple: sin algodoncillo, no hay monarcas. Y sin monarcas, ¿qué ponemos en los folletos turísticos?
Turismo ecológico y prosperidad compartida, el lado luminoso del drama
Y he aquí donde la tragedia se encuentra con la taquilla. Ramírez Bedolla, en un giro maquiavélicamente práctico, señaló que “por lo espectacular de la mariposa monarca es un atractivo natural”. Vamos, que no solo es una cuestión de amor a la naturaleza, sino también de negocio. Anunció con orgullo que tienen tres santuarios listos para la temporada, esperando con los brazos abiertos a más de 800,000 visitantes y una derrama económica de más de mil millones de pesos. La secretaria de Turismo, Josefina Rodríguez Zamora, lo coronó todo con el mantra de la “prosperidad compartida”. Qué bonito suena. Cocineras tradicionales, artesanos y comunidades locales todos felices gracias a una mariposa que, sin saberlo, se ha convertido en la principal empleadora de la región. Quién lo diría.
Mientras tanto, la señora Bárcena agradeció efusivamente a los 121 núcleos agrarios, los “grandes guardianes” de las reservas. Elogió su vigilancia para evitar la tala clandestina. “Quiero agradecerles muchísimo a las estructuras comunitarias de Ocampo, Áporo, Angangueo, Zitácuaro, porque son ustedes los que sostienen la salud de los bosques”, declaró. Es conmovedor. Mientras en otras partes del mundo se debaten políticas abstractas, aquí hay señores con machetes y buen corazón protegiendo el hotel de invierno de unas mariposas que son, sin duda, más viajeras que ellos. La secretaria habló de una “articulación trinacional que es tan complicada”. Vaya, descubrir que coordinar a tres países es difícil debe de haber sido tan sorprendente como descubrir que el agua moja.
Su gran sueño es “potenciar y garantizar que ese corredor migratorio, ese tránsito entre Canadá, México y Estados Unidos se proteja”. Un sueño loable, sin duda. Pero en un mundo donde ni siquiera nos ponemos de acuerdo en qué lado de la acera caminar, lograr que tres naciones alineen sus políticas agrícolas y de conservación para salvar a un insecto… suena a la trama de una película de ciencia ficción con final feliz, justo antes de los créditos.
Así que ya lo saben. La próxima vez que vean una mariposa monarca, recuerden que no es solo un bello insecto anaranjado. Es una viajera transnacional, un motor económico, un quebradero de cabeza diplomático y el símbolo de lo absurdamente complicado que es preservar la magia natural en un mundo obsesionado con los pesticidas y los réditos económicos. Un drama con alas que se repite cada año, esperando que esta vez, el guion cambie.
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