La cuenta pendiente de Estados Unidos
La cifra oficial acaba de salir. El déficit comercial de Estados Unidos bajó un poquito en 2025, quedándose en unos 901 mil millones de dólares. Sí, bajó desde los 904 mil millones del año pasado. Pero no cantes victoria.
Es la tercera cifra más alta de la historia. Y esto ocurre con Donald Trump en la Casa Blanca, imponiendo fuertes gravámenes a casi todos los socios comerciales del país. La promesa era clara: reducir el desequilibrio. La realidad, como casi siempre, es más complicada.
Un rompecabezas con piezas que se mueven
Mira este dato: el déficit en bienes físicos (maquinaria, aviones) alcanzó un récord histórico de 1,24 billones de dólares. ¿La razón? Una avalancha de importaciones de chips y tecnología desde Taiwán, alimentada por la fiebre inversora en inteligencia artificial.
Aquí está el giro interesante. Con China, el viejo rival, el déficit se desplomó casi un 32%. Pero atención: no fue por un boom exportador estadounidense. Fue porque tanto las ventas como las compras entre ambos países cayeron. La relación se enfría y el comercio se resiente.
Mientras tanto, otros países llenan el vacío. El déficit con Taiwán se duplicó. Con Vietnam subió un 44%. Los expertos ya susurran: estos podrían ser los próximos blancos de la administración estadounidense.
En nuestro patio trasero, la dinámica es mixta. El desbalance con México supera los 197 mil millones, mientras que con Canadá se redujo significativamente. Justo ahora se negocia la renovación del tratado comercial de la era Trump con ambos países.
Expertos advierten que estos países podrían convertirse en el nuevo foco de atención de la administración estadounidense.
Hay una luz al final del túnel: el superávit en servicios (banca, turismo) creció hasta los 339 mil millones. Y aquí va una sorpresa para los agoreros: esos aranceles que tanto asustaban no han provocado una espiral inflacionaria tan feroz como se temía.
La conclusión es clara. Cambian los nombres en la factura, pero la factura en sí sigue siendo enorme. La geopolítica reescribe los mapas comerciales día a día, pero el problema de fondo persiste.




