Huelga de hambre con un objetivo claro
Desde el centro de detención Delaney Hall, en Nueva Jersey, los migrantes detenidos lanzan un mensaje contundente: no buscan mejores condiciones, exigen su libertad. Entre 300 y 400 personas —según familiares y activistas— participan en una huelga de hambre y un paro laboral que estalló en las últimas semanas. “Reclaman comida digna, atención médica, ventilación, avances en sus casos y libertad”, detalla la activista Laura Gómez.
Afuera, los familiares han sido amenazados y rociados con agentes químicos por agentes federales. Dentro, los detenidos comunican su postura: “No estamos en huelga para exigir mejor trato; hacemos esto para exigir la libertad”. Gómez subraya que esa declaración “cambia el sentido de la protesta; es una acusación política y humana”.
Testimonios y denuncias
Una carta firmada por casi 300 personas —entre ellas más de 50 mujeres— señala que muchos tenían citas judiciales, permisos de trabajo o trámites abiertos. Escribieron: “Nos sentimos vulnerables y, en cierto modo, secuestrados”. También expresaron el miedo a comparecer ante el tribunal migratorio, al que ven como “una puerta posible al arresto, al traslado o a la deportación”. Un detenido liberado afirmó: “No somos criminales, pero nos tratan como si lo fuéramos y de los peores”.
Gabriela, esposa de Martín Soto, señalado como organizador, declaró que las demandas son por la libertad, no por mejoras internas. “La gran mayoría no tiene antecedentes penales”, aseguró. La Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU) dijo haber escuchado “historias de horror” y resumió: “La crueldad es el punto”.
El congresista demócrata Jerry Nadler reportó porciones pequeñas y comida contaminada; Dan Goldman calificó lo ocurrido como inaceptable, y Adriano Espaillat prometió: “Vamos a cerrar este centro”. El gobierno federal niega la huelga y asegura que los detenidos reciben todos los servicios básicos.




