La presidenta y su bola de cristal económica (versión oficial)
Desde el siempre acogedor y nada opulento Palacio Nacional, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo ha vuelto a sacar su varita mágica de la economía nacional. En su ya tradicional espacio matutino para el optimismo, la mandataria ha insistido, con la contundencia de quien ve el vaso no solo medio lleno, sino rebosando champán, que la economía de México “está muy fuerte”. Por supuesto, debe ser esa misma fuerza la que explica por qué algunos todavía se atreven a cuestionar esta realidad alternativa. Según su diagnóstico, no solo vamos bien, sino que “vamos a ir mejor”. Un eslogan que, francamente, ya nos gustaría ver aplicado al servicio de streaming que siempre se cae los fines de semana.
El culmen de esta sesión de proyecciones financieras fue la anunciación de que 2026 “va a ser un buen año”. Marque sus calendarios, porque tener esta certeza con casi doce meses de antelación es un lujo que solo la clarividencia política puede otorgar. Todo esto, nos recuerda, es gracias al “cambio de modelo económico” del gobierno anterior. Un modelo tan revolucionario que, al parecer, sus beneficios se materializan con la puntualidad de un reloj suizo… pero solo en los discursos.
El T-MEC y la fe mueve montañas (y tratados comerciales)
En un alarde de confianza que haría palidecer a un vendedor de seguros, Sheinbaum también se refirió a la próxima revisión del T-MEC. “Pienso que nos va a ir bien”, declaró, añadiendo el realista “con sus diferencias a lo mejor en algún momento”. Vamos, que habrá algunos desacuerttos intrascendentes, como quizá, no sé, temas de energía, disputas laborales o aranceles. Detalles menores. Su argumento estrella: es muy importante que se mantenga el tratado. Una revelación que, sin duda, ha dejado perplejos a los equipos negociadores de Estados Unidos y Canadá, quienes jamás lo habían considerado.
Para apuntalar su visión de este paraíso económico en ciernes, la presidenta enumeró el arsenal de acciones gubernamentales: fortalecer el mercado interno, los apoyos del Bienestar, el aumento al salario mínimo, el anuncio de las 40 horas (que aún suena a promesa de campaña) y, cómo no, la siempre vaga pero esperanzadora “inversión pública”. Afirmó, además, que hay empresas ansiosas por invertir en México y que no tiene noticias de ninguna que se retire. Lo cual es técnicamente cierto, porque esas noticias suelen publicarse en la prensa, no en las conferencias mañaneras.
En resumen, el mensaje es claro: el barco va viento en popa. Que algunos pasajeros sientan mareo, escuchen crujidos o vean mapas diferentes es, simple y llanamente, una percepción errónea. El crecimiento económico y la estabilidad financiera están a la vuelta de la esquina, justo después de la próxima conferencia. Mientras tanto, nos quedamos con la imagen de una jefa de Estado vendiendo futuro a plazos, con una sonrisa y una lista de buenas intenciones que, ojalá, decida algún día bajar del pódium y chocar con la prosaica y caprichosa realidad.
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